
Conocemos como gandul a aquel sujeto al que no le gusta trabajar, suele holgazanear, dormir hasta tarde y no dar un palo al agua. Para encontrar el origen etimológico de este término debemos ir hasta árabe clásico ‘ḡundar’ (mimado, cuidado) que hacía referencia a un joven mimado y elegante cuyo cometido era el de ser el acompañante de mujeres adineradas y vivir a expensas de éstas. Esto no quería decir que dicho muchacho fuese un holgazán, pero sí muchos de ellos acabaron siéndolo aprovechando que vieron la posibilidad de ser mantenidos sin tener que trabajar, por lo que algunos se convirtieron en auténticos truhanes, motivo por el que esa fuera la acepción cuando el término pasó al árabe hispánico ‘gandúr’ (truhan, pícaro, rufián) y de ahí al castellano gandul (vago, holgazán) tal y como lo conocemos y utilizamos en la actualidad. En el uso común del español, “gandul” se refiere a una persona que es perezosa, holgazana o indolente. Se puede considerar un sinónimo de términos como “vago” o “haragán”. Este uso se encuentra en diversas regiones de habla hispana y tiene connotaciones negativas, ya que describe a alguien que evita el trabajo o el esfuerzo. El término “gandul” en el contexto político, se refiere a una persona que se aprovecha del poder o se apropia de lo que pertenece a otros de manera indebida. Este uso del término se ha popularizado en México, donde se utiliza para describir a aquellos que han abusado del poder político y han tomado decisiones arbitrarias que no se justifican. Uno de los muchos perfiles históricos de los gandules, los describe como solteros, profesionales del robo y del saqueo que vivían del propio botín y de prestar servicios a cualquier autoridad. Teniendo en cuenta que los datos publicados en diferentes medios de comunicación revelan que solo el 12 % de los diputados y senadores tienen dedicación exclusiva al Parlamento y no perciben otros ingresos económicos por actividades privadas fuera de las Cámaras. Es decir, que el 88 % de los parlamentarios sacan dinero por otro lado, lo que permite llegar a las siguientes conclusiones: Que la mayoría de los parlamentarios no trabajan todo lo que exige el cargo para el que fueron elegidos por los ciudadanos como representantes de los intereses populares, significando esto que son unos gandules por no cumplir su horario de trabajo, ni realizar adecuadamente con prontitud y acierto las tareas que tienen encomendadas. En otros lugares donde hipotéticamente realizan su actividad, sea esta real o ficticia, pero colectiva, no trabajan el mismo tiempo que sus compañeros de trabajo, algo que les convierte en estafadores laborales y timadores profesionales. El rey Juan era una gandalla. No lo sabía porque ese adjetivo no existía a principios del siglo XIII en Inglaterra. La palabra surgiría siglos después en un lugar llamado México cuyo significado, de acuerdo con el Diccionario de mexicanismos, se refiere a una persona “que se aprovecha de alguien o se apropia de algo de manera artera”. Pero de que era gandalla, era muy gandalla. Abusaba del poder absoluto que tenía. Aumentaba desmesuradamente los impuestos para financiar guerras que perdía. Tomaba decisiones arbitrarias que no justificaba. Quizá donde más claro se veía su cualidad de gandul, era en la relación con sus pares de la aristocracia a los cuales trataba con crueldad con un estilo despótico. Juan ignoraba las leyes feudales tradicionales y castigaba a sus enemigos sin juicio justo. Tomaba tierras y propiedades de los barones sin seguir procesos legales. No respetaba los derechos tradicionales de los nobles y usaba su poder para exigir rescates, multas y tributos sin justificación. Juanito era un super gandul. El problema es que la falta de límites a los gobernantes siempre ha terminado mal en nuestro país. Ya no queremos legisladores ni gobernantes gandules o estafadores, no más, ya fue suficiente, aguas, a todos los chantajistas, corruptos, y gandules acaba llegándoles su hora política, si no pregúntenle a Rocha Moya.
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