
Continúa la estrategia cuatroteísta que busca seguir desprestigiando a sus adversarios, sin darse cuenta que por el contrario, los está fortaleciendo. Tal es el caso de lo que ocurre con la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, a quien desde Palacio Nacional se ha dado la instrucción de llevarla a juicio político por, supuestamente, haber permitido el ingreso de dos agentes estadounidenses en el desmantelamiento de un narcolaboratorio en esa entidad; aunado a que se piensa que con eso se habrá de distraer la atención de lo que ocurre con Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios más de Sinaloa, señalados por Estados Unidos. O la supuesta “opinión” de la Presidenta, Claudia Sheinbaum, donde señala que no vean una de las televisoras más importantes en México, Tv Azteca. Desde luego más por una decisión visceral contra Ricardo Salinas Pliego, quien por cierto ya comenzó a pagarle lo que le debe al Servicio de Administración Tributaria (SAT).
Perjudicada
En esta “andanada” de ataques contra la gobernadora de Chihuahua, el cuatroteísmo y la propia aspirante de Morena al gobierno del estado, Andrea Chávez, no se han enterado que la mayor perjudicada es ella, pues la fortaleza que está adquiriendo Maru Campos y el Partido Acción Nacional difícilmente hará que la legisladora pueda lograr el triunfo. La estrategia que la panista ha desplegado le ha funcionado, pues además de victimizarse ha lanzado un cuestionamiento que seguramente cimbró a Palacio Nacional, pues cuestiona a los habitantes de esa entidad y de todo el país, ¿qué es lo que se prefiere, alguien que enfrente al crimen organizado o a alguien que los proteja? Y vaya que le ha resultado, tan es así que este fin de semana recibió el respaldo de miles de panistas y de los dos ex presidentes, Vicente Fox y Felipe Calderón. Seguramente la aspirante morenista ya se está dando cuenta, demasiado tarde, de todo lo que han levantado a la titular del ejecutivo en el vecino estado.
Salinas.
En el caso del empresario, Ricardo Salinas Pliego, que tampoco es una “perita en dulce” por cierto, también ha aprovechado esto que se dijo desde la “mañanera”, porque se mantiene en la agenda política y mediática sin necesidad de invertir un solo peso. Cada vez que desde el poder se le menciona, se le critica o se le convierte en blanco de ataques, gana “reflectores” y fortalece el discurso que ha construido durante los últimos años, el de ser “perseguido por el gobierno”. Más allá de los litigios fiscales que enfrenta o de las diferencias que mantiene con la administración federal, lo cierto es que el propietario de Tv Azteca entiende perfectamente cómo funciona la comunicación política, pues mientras sus adversarios lo señalan, él responde, genera conversación y mantiene vigente su presencia pública.
Persecución.
Lo que parece no entender Morena es que la persecución política rara vez genera los resultados que busca. La historia reciente del país demuestra que cuando un personaje es colocado permanentemente en el papel de víctima, suele recibir simpatías incluso de quienes no coinciden con él; así ocurrió con Andrés Manuel López Obrador durante años y ahora parece repetirse con algunos de sus adversarios. Maru Campos ha encontrado una bandera para defenderse y Ricardo Salinas Pliego una plataforma para fortalecer su narrativa; ambos se alimentan de los ataques provenientes del oficialismo. En lugar de desgastarlos, los convierten en protagonistas de la conversación pública y les permiten posicionarse como contrapesos frente al poder federal.
Riesgo.
De cara a los procesos electorales que vienen, esta estrategia podría resultar contraproducente para Morena. Mientras más se concentren en desacreditar a sus opositores, menos tiempo dedicarán a resolver los problemas que preocupan a los ciudadanos, la inseguridad, el crecimiento económico, la salud y la educación. Los electores suelen castigar a los gobiernos que parecen más preocupados por confrontar que por gobernar; por eso llama la atención que sigan apostando por una ruta que ya ha demostrado beneficiar a quienes pretenden debilitar. En política, los excesos suelen producir efectos contrarios a los deseados.