
El acceso a una vivienda propia representa uno de los principales desafíos económicos para las familias mexicanas. Durante los últimos años, el mercado inmobiliario ha mantenido una tendencia sostenida al alza, impulsada por el incremento en los costos de construcción, la escasez de suelo urbano en las grandes ciudades, el aumento de la demanda y el encarecimiento del financiamiento hipotecario. En el primer trimestre de 2025, el precio promedio nacional de una vivienda alcanzó aproximadamente 1.86 millones de pesos, con un crecimiento anual superior al 8 %, muy por encima de la inflación general del país.
Los estados donde comprar vivienda es más caro. – Las diferencias regionales son muy marcadas. Mientras algunas entidades concentran una fuerte demanda por su dinamismo económico, turístico o industrial, otras mantienen mercados inmobiliarios mucho más accesibles.
| Posición | Estado | Precio promedio aproximado |
| 1 | Ciudad de México | $3.9 millones |
| 2 | Baja California Sur | $2.6 millones |
| 3 | Querétaro | $2.3–2.6 millones |
| 4 | Yucatán | $2.3–2.4 millones |
| 5 | Nayarit | $2.2 millones |
| 6 | Jalisco | $2.0 millones |
| 7 | Nuevo León | $1.9–2.0 millones |
Estas entidades concentran buena parte de la inversión inmobiliaria nacional y presentan elevados niveles de plusvalía, particularmente en zonas metropolitanas como Guadalajara, Monterrey, Mérida, Los Cabos y la capital del país.
Los estados donde la vivienda resulta más accesible. – En contraste, existen entidades cuyos precios promedio permanecen considerablemente por debajo de la media nacional.
| Estado | Precio promedio aproximado |
| Durango | $1.06–1.09 millones |
| Tamaulipas | $1.08 millones |
| Tlaxcala | $1.15 millones |
| Zacatecas | $1.22 millones |
| Veracruz | $1.30 millones |
De acuerdo con los indicadores de la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), Durango se encuentra entre los estados con el precio promedio de vivienda más bajo del país, ocupando uno de los últimos lugares del ranking nacional en costo de adquisición. Mientras el promedio nacional ronda los 1.86 millones de pesos, en Durango el promedio oscila entre 1.06 y 1.09 millones, es decir, aproximadamente 40 % por debajo de la media nacional.
Sin embargo, esta aparente ventaja debe analizarse con cautela. Los menores precios inmobiliarios también reflejan un mercado laboral con ingresos promedio inferiores a los observados en las principales zonas metropolitanas del país. En consecuencia, para una parte importante de la población duranguense, adquirir una vivienda continúa representando un reto financiero significativo.
Las clases sociales predominantes en Durango y su acceso a la vivienda: Desde una perspectiva sociológica, la estructura social de Durango presenta un predominio de los estratos medio-bajos y bajos, con una presencia menor de clases medias consolidadas y un porcentaje reducido de hogares pertenecientes a niveles socioeconómicos altos.
En términos prácticos, quienes encuentran mayores facilidades para adquirir una vivienda son los hogares pertenecientes a la clase media consolidada, media alta y alta, debido a que cuentan con mayor capacidad de ahorro, historial crediticio favorable y acceso a financiamiento bancario. En contraste, los sectores de menores ingresos enfrentan mayores dificultades para cubrir enganches, mensualidades y gastos notariales, incluso cuando el precio promedio de la vivienda en Durango es relativamente bajo respecto al resto del país.
Una vivienda digna va más allá de cuatro paredes. – Hablar de acceso a la vivienda no debe reducirse únicamente a la posibilidad de comprar una casa. Una vivienda cumple verdaderamente su función social cuando ofrece condiciones que permiten desarrollar una vida segura, saludable y con oportunidades de bienestar.
Ello implica que las familias puedan habitar espacios que cuenten con agua potable; drenaje y saneamiento; energía eléctrica; conectividad digital; pavimentación; transporte público; alumbrado; servicios de salud cercanos; escuelas; áreas verdes; espacios recreativos; y condiciones adecuadas de seguridad. Una casa construida en una zona aislada, sin infraestructura urbana o sin servicios básicos puede convertirse, con el tiempo, en un factor de exclusión social, aun cuando su costo haya sido accesible.
La planeación urbana como responsabilidad pública. – El crecimiento ordenado de las ciudades constituye uno de los mayores retos para los gobiernos municipales y estatales. La política de vivienda no debe limitarse a incentivar la construcción de nuevos fraccionamientos; requiere una visión integral que articule desarrollo urbano, movilidad, infraestructura y servicios públicos.
Por ello, resulta indispensable que las autoridades diseñen y ejecuten planes permanentes de urbanización, adecuación y mantenimiento de las zonas habitacionales, garantizando vialidades funcionales, transporte eficiente, redes de agua y drenaje, alumbrado público, conectividad, espacios públicos de calidad y equipamiento urbano suficiente. Asimismo, es fundamental prever la expansión ordenada de las ciudades para evitar asentamientos desconectados o con infraestructura insuficiente.
En última instancia, el verdadero objetivo de una política de vivienda no debe ser únicamente incrementar el número de casas disponibles, sino asegurar que cada persona tenga acceso a un entorno urbano digno, seguro y funcional. Una vivienda adquiere pleno valor cuando se integra a una comunidad con servicios básicos, oportunidades de desarrollo y condiciones que permitan mejorar la calidad de vida de quienes la habitan.
Columna: Viento Favorable
Autora: Mtra. Jacquelinne Varona
X: @JackyVarona