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Daniela Soto Hernández fue ratificada por un periodo más al frente del Comité Directivo Estatal del PRI

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Felipe Correa
400 palabras
24/07/2026

Hace algunas semanas, Daniela Soto Hernández fue ratificada por un periodo más al frente del Comité Directivo Estatal del PRI en Durango. Su férrea defensa del partido tricolor, su disciplina partidista y su capacidad para mantener cohesionado a un instituto político que hoy enfrenta una de las etapas más complejas de su historia reciente son, sin duda, sus principales cartas de presentación. Encabezar un partido desde la oposición implica mucho más que administrar una estructura: significa mantener vigente un proyecto político en un entorno donde los incentivos, los recursos y la narrativa pública favorecen a quienes ejercen el poder.
La primera señal del proyecto que encabeza Daniela Soto parece estar en el territorio. Más que concentrarse en la agenda de la capital, su apuesta consiste en recorrer Durango municipio por municipio para reunirse con los comités, escuchar a la militancia y levantar un diagnóstico real sobre el estado que guarda la estructura partidista. No es una decisión menor. En política, los partidos que dejan de caminar el territorio terminan perdiendo la capacidad de interpretar el ánimo social y, con ello, la posibilidad de competir con eficacia.
La gira tiene una lógica política bien definida. Ninguna dirigencia puede construir una estrategia competitiva sin conocer qué comités existen únicamente en el papel, cuáles mantienen capacidad de movilización, dónde persisten liderazgos con influencia y en qué regiones el partido ha cedido terreno frente a otras fuerzas políticas. Antes de diseñar cualquier programa de trabajo, la prioridad consiste en medir fortalezas, detectar vacíos, identificar debilidades y reconocer aquellas zonas donde será necesario reconstruir la organización prácticamente desde sus cimientos.
Pero el diagnóstico territorial, por sí solo, resulta insuficiente. El verdadero desafío será convertir la información recopilada en decisiones políticas. De poco sirve conocer las carencias si no existe la voluntad de corregirlas, renovar dirigencias locales cuando sea necesario, fortalecer la capacitación de la militancia y establecer metas medibles para recuperar competitividad. La diferencia entre una dirigencia administradora y una dirigencia transformadora radica precisamente en su capacidad para convertir los diagnósticos en resultados.
Otro de los objetivos será identificar nuevos cuadros políticos. No basta con renovar rostros; el reto consiste en encontrar perfiles jóvenes con liderazgo, preparación, arraigo social y competitividad electoral que puedan convertirse en la nueva generación de operadores y representantes del priismo duranguense. La renovación generacional no puede entenderse como un simple relevo de nombres o de edades, sino como la construcción de una nueva cultura política que recupere la cercanía con la ciudadanía y responda a las exigencias de un electorado cada vez más crítico e informado.
En un escenario donde los partidos enfrentan desgaste institucional, desconfianza ciudadana y un creciente voto volátil, apostar por la formación de nuevos liderazgos dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica. Los ciudadanos ya no respaldan siglas por tradición; exigen resultados, cercanía, credibilidad y perfiles capaces de generar confianza. Esa es una realidad que alcanza por igual a todas las fuerzas políticas.
La pregunta de fondo será si este ejercicio de diagnóstico derivará en una estrategia sustentada en datos, organización y trabajo territorial, o si terminará convirtiéndose ediante eventos multitudinarios cuidadosamente organizados. Se ganan construyendo organización permanente, fortaleciendo estructuras, formando liderazgos locales y manteniendo presencia cotidiana en las comunidades. Esa ha sido, históricamente, una de las principales fortalezas del PRI, pero también uno de los activos que más se han deteriorado en los últimos años.
Ahí estará la verdadera prueba para Daniela Soto. Su ratificación le otorga estabilidad política; ahora deberá demostrar capacidad para relanzar a un partido que necesita redefinir su papel como oposición y recuperar competitividad de cara a los procesos electorales por venir. Julio marcó el inicio de una nueva etapa. A partir de ahora comienza el trabajo silencioso, el que no se mide por las pancartas, las porras o las fotografías, sino por la capacidad de reorganizar un partido desde abajo, reconstruir la confianza de su militancia y volver a hacer del territorio el principal escenario de la política.

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Felipe Correa Politólogo de carrera, cuenta con experiencia en comunicación de crisis y aborda temas sociales. Participa en medios como Municipios Durango, Grupo Garza Limón y Lobos Cadena 7.
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