Dark Mode Light Mode
Dark Mode Light Mode

El eco de Toby; y el linchamiento a una empresa local. 

Avatar photo
Felipe Correa
400 palabras
26/07/2026

Hay historias que, sin proponérselo, terminan hablando de todos nosotros. La de Toby es una de ellas. Un perrito que meses atrás fue rescatado de la calle por una activista independiente, en condiciones que estremecen: sarna avanzada, lesiones severas y el estómago dañado por haber comido piedras. Lo que siguió fue la parte hermosa de la historia: recuperación, cuidados, y finalmente una adopción que prometía darle lo que nunca tuvo, un hogar definitivo.

Pero en julio de 2026 esa promesa se rompió de la manera más pública posible. Toby fue encontrado amarrado a un barandal, junto a sus pertenencias, dentro de la Feria Nacional Francisco Villa, en la zona de la Expo Ganadera. No fue un abandono discreto en una calle solitaria; fue un abandono a plena vista, en uno de los eventos más concurridos del estado. Las fotos y videos no tardaron en viralizarse, y con ellas llegó la indignación colectiva.

Lo que hace doler más este caso no es solo el abandono en sí —lamentablemente común en México, donde millones de perros y gatos viven en las calles precisamente por decisiones así—, sino la traición que representa.

Advertisement

La rápida difusión trajo también señalamientos hacia un negocio local de tortillas de harina, al que se vinculó con la persona adoptante. La empresa se deslindó públicamente, aclarando que quien cometió el abandono no era parte de su equipo. Es un recordatorio de lo veloz que puede ser la justicia digital, y de lo importante que es no convertir la indignación legítima en linchamiento sin pruebas.

Y aquí conviene detenerse, porque señalar a una empresa por los actos de una persona que ni siquiera forma parte de su plantilla es, sencillamente, una injusticia. Las redes sociales no distinguen matices: basta un rumor o una coincidencia de apellido para que un negocio construido con años de esfuerzo cargue con un estigma que no le corresponde. El daño reputacional en estos casos es real y desproporcionado: pérdida de clientes, boicots espontáneos, comentarios negativos que permanecen indexados mucho después de que la aclaración fue publicada, y un desgaste de confianza que ninguna disculpa pública logra revertir del todo. Para una empresa local, ese tipo de señalamiento equivocado puede traducirse en pérdidas económicas directas y en un golpe a la marca que tarda meses o años en repararse, si es que se repara. Exigir responsabilidad a quien abandona a un animal es justo; extender esa responsabilidad a terceros sin pruebas es, simplemente, otra forma de injusticia.

Al final, la Dirección Municipal de Medio Ambiente de Durango confirmó el abandono intencional y aplicó una sanción de 20 UMA’s, poco más de 2 mil 346 pesos. Una cifra que, comparada con el daño físico y emocional causado, se siente simbólica más que disuasoria. Y ahí está, quizás, la verdadera enseñanza del caso: mientras las multas sigan siendo menores que el costo de una consulta veterinaria, seguiremos teniendo Tobys.

Hoy el perrito está resguardado y en buenas condiciones, a la espera de un hogar que esta vez sea de verdad definitivo. Pero su historia ya cumplió su función más importante: ponerle rostro a una crisis que solemos ignorar hasta que alguien la ata a un barandal.

Avatar photo
Felipe Correa Politólogo de carrera, cuenta con experiencia en comunicación de crisis y aborda temas sociales. Participa en medios como Municipios Durango, Grupo Garza Limón y Lobos Cadena 7.
Add a comment Add a comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Previous Post

Durango: El Vuelo de Ícaro y la Tregua del Escándalo 

Next Post

Más allá del 'like': La política canina que nos falta 

Advertisement