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Polarización política que puede terminar en violencia.

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Quetzal Herrera Ruiz
LA GRILLA DEL PÁJARO
14/08/2026

En repetidas ocasiones hemos señalado en este espacio que la polarización política que termina en violencia, no es una buena señal; porque si desde el poder, en este caso desde Palacio Nacional, se ha venido alimentando esta división entre “los buenos” y “los malos”, se generan este tipo de enconos. Y para muestra lo que acaba de ocurrir entre los legisladores Arturo Ávila de Morena y Carlos Gutiérrez Mancilla del Revolucionario Institucional, quienes estuvieron a punto de llegar a los golpes luego de lanzarse insultos por la ideología que cada uno representa. Esto desde luego sigue contribuyendo a la mala reputación que han construido varios políticos en el país, porque al final del día esto también llega a las bases, a los militantes y simpatizantes de ambos “bandos”, no solo en los medios de comunicación o redes sociales, sino también ya en un cara a cara; y desde luego el riesgo está en que todo puede subir de “tono”, justo cuando está casi por iniciar el proceso electoral 2027.

Descalificación constante.
Lo ocurrido entre ambos legisladores debería encender las alertas, no por tratarse del primer enfrentamiento verbal entre políticos, porque de esos hemos visto muchos, sino porque refleja hasta dónde se ha normalizado la confrontación como “herramienta” para hacer política. El debate público dejó de concentrarse en las diferencias sobre seguridad, economía, salud, educación o desarrollo para convertirse en una permanente descalificación del adversario, y hoy parece que gana quien grita más fuerte, quien coloca el mejor insulto en redes sociales o quien consigue que un video se vuelva viral. El problema aparece cuando esa dinámica abandona las pantallas y llega al terreno físico; ahí desaparecen los argumentos y comienzan las actitudes viscerales que difícilmente puede controlarse.

Narrativa.
Durante años se construyó desde Palacio Nacional una narrativa donde prácticamente existen dos grupos, quienes respaldan el proyecto político gobernante y quienes están en contra de la transformación del país. “Conservadores”, “neoliberales”, “corruptos”, “adversarios” y “traidores” se convirtieron en palabras utilizadas constantemente para identificar a quienes piensan diferente. La oposición, por supuesto, tampoco está exenta de responsabilidad, porque en muchas ocasiones ha respondido con la misma intensidad y ha encontrado en la confrontación una forma de obtener reflectores; pero existe una diferencia fundamental, quien gobierna tiene una responsabilidad mayor para evitar que las diferencias políticas terminen convertidas en enfrentamientos sociales, y debería propiciarse, principalmente, el diálogo.

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Diferencias.
Basta revisar las redes sociales para observar el nivel de agresividad que existe entre simpatizantes de Morena, PRI, PAN, Movimiento Ciudadano o cualquier otra fuerza política. Las diferencias ya no siempre se discuten con argumentos; muchas veces terminan en insultos, amenazas y ataques personales. Si esa confrontación comienza a trasladarse a mítines, campañas y eventos públicos durante 2027, podríamos encontrarnos frente a escenarios mucho más delicados; ninguna elección, candidatura o partido vale una agresión física. Los dirigentes deberían comenzar desde ahora a bajar el tono antes de que alguien termine cruzando una línea de la que después todos pretendan deslindarse.

Elección.
El próximo proceso electoral será una prueba importante porque estarán en juego gubernaturas, diputaciones y miles de cargos locales, mientras Morena buscará mantener su predominio y la oposición intentará recuperar terreno. Las campañas inevitablemente serán intensas, pero intensidad no debe significar violencia; todos los partidos tendrán responsabilidad en evitar que sus discursos conviertan las diferencias políticas en enfrentamientos personales. También las autoridades electorales deberán estar atentas a expresiones que puedan incentivar agresiones, pues México ya enfrenta suficientes problemas como para agregar la violencia política provocada por discursos irresponsables. Lo ocurrido entre Arturo Ávila y Carlos Gutiérrez Mancilla puede quedar solamente como un episodio vergonzoso o convertirse en una advertencia de lo que viene.

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Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García; conductor de los programas "El Pájaro Pregunta" y "Las Mañaneras del Pájaro"; columnista en el Órale Qué Chiquito.
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