
La Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, ha sostenido, en reiteradas ocasiones desde su conferencia “mañanera”, que no existe un proyecto de nación por parte de la oposición en el país, y hasta cierto punto podría tener razón; dado que los partidos políticos como el Revolucionario Institucional, Acción Nacional y Movimiento Ciudadano, no han sabido capitalizar los “golpes” que el morenismo ha recibido en los últimos meses. Y es que no se trata solo de cuestionar por parte de los otros institutos políticos, el asunto de fondo radica en que no se ha hecho del todo, un contrapeso en las políticas públicas que se han implementado desde el sexenio pasado. Esto no quiere decir que en cualquier momento la militancia y dirigentes de estos partidos no podrán llegar a ese equilibrio, porque hasta hoy esa narrativa de que los oponentes no tienen “rumbo” podría caerse de un momento a otro, por dos razones principales, los ciudadanos ya están más informados y lo que ocurrió en la elección de Coahuila este año, dejan en claro que la “balanza” electoral podría inclinarse hacia otro lado.
Propuestas.
El principal problema para la oposición es que durante buena parte de los últimos años ha construido su discurso alrededor de lo que hace o deja de hacer Morena. Prácticamente cada polémica, error o señalamiento contra algún personaje de la llamada Cuarta Transformación genera posicionamientos de dirigentes del PRI, PAN y Movimiento Ciudadano, pero pocas veces esos cuestionamientos vienen acompañados de una propuesta que permita al ciudadano identificar qué harían diferente si regresaran al poder. Ahí es donde la Presidenta encuentra terreno fértil para sostener que enfrente no existe un proyecto alternativo.
Desgaste.
También sería equivocado pensar que Morena llegará inevitablemente fortalecido a cada proceso electoral, ya que en los últimos meses se ha demostrado que ningún partido es inmune al desgaste del ejercicio del poder y que las controversias protagonizadas por algunos de sus personajes terminan afectando una narrativa construida durante años alrededor de la austeridad, la honestidad y la transformación de la vida pública. Es precisamente ahí donde PRI, PAN y Movimiento Ciudadano tendrían una oportunidad que hasta ahora no han sabido aprovechar completamente. El problema es que esperar a que Morena se desgaste por sus propios errores tampoco constituye una estrategia electoral. Los partidos opositores necesitan convertir esas contradicciones en propuestas concretas y, sobre todo, recuperar presencia territorial.
Fidelidades partidistas.
Otro elemento que deberá considerarse rumbo a las próximas elecciones es que el electorado mexicano parece cada vez menos dispuesto a mantener fidelidades partidistas permanentes. Hoy los ciudadanos cuentan con más “herramientas” para conocer, contrastar y cuestionar las decisiones de quienes gobiernan, aunque también existe una enorme cantidad de desinformación circulando todos los días. Por eso sería un error que Morena asumiera que los resultados obtenidos en elecciones anteriores representan un respaldo automático para los procesos que vienen, de la misma manera que sería absurdo que la oposición interpretara cualquier tropiezo del oficialismo como una recuperación propia.
Elecciones.
Al final, ni Morena puede confiarse en la fortaleza de su estructura ni sus adversarios pueden conformarse con señalar los errores del Gobierno Federal. Las próximas elecciones serán una prueba importante para medir si realmente existe espacio para modificar el equilibrio político que hoy domina buena parte del país. Lo ocurrido recientemente en Coahuila debería ser analizado con atención por todas las fuerzas políticas, porque demuestra que las elecciones locales pueden desarrollar dinámicas distintas a las nacionales y que ninguna marca partidista garantiza por sí sola una victoria.