
Pasar del ni los veo ni los oigo de Carlos Salinas de Gortari, a ni están ni existen de Claudia Sheibaum.
El papel que debe de jugar un gobernante es responder a las necesidades de todos los ciudadanos, porque para eso fue electo por el voto ciudadano.
Lo que se está viviendo en este momento en el país realmente debe ponernos a reflexionar, sobre todo por el comportamiento y actuación de quien debe llevar las riendas del destino de México.
Y es que no es menor que en el marco del supuesto ejercicio de “rendición de cuentas” del que presume la presidenta está llevando a cabo por las diversas entidades de la República, donde supuestamente da a conocer los logros a dos años de administración, revele su alto grado de intolerancia.
Los ejemplos existen desde la gestión de Andrés Manuel López Obrador, ya que en sus actos públicos a donde acudían por una relación institucional los gobernadores de otros partidos políticos que no son de Morena, era prácticamente abucheados.
Lo anterior tiene una explicación y reside en el discurso de odio, que desde la “mañanera” se ha venido construyendo, tanto por López Obrador y ahora por Claudia Sheiubam, descalificando a todos aquellos personajes o instituciones que no coinciden o están en contra de la era de la 4T.
Para la Organización de las Naciones Unidas el discurso de odio es “cualquier tipo de comunicación que ataque o utilice un lenguaje discriminatorio con referencia a una persona o a un grupo en función de su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, sexo, u otro factor de identidad”.
Por lo tanto, el discurso de odio es un veneno que propaga la intolerancia y la división. Debemos aprender a reconocerlo y tratar de detenerlo.
Durante el año de 1994, en el último informe de gobierno del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, en la cámara de diputados en sesión del congreso general, fue abucheado por los integrantes de la bancada de la izquierda aglutinada en el Partido de la Revolución Democrática, quienes nunca reconocieron el triunfo.
A más de tres décadas de ese incidente hoy somos testigos la polarización en el país, como quienes apoyan al actual gobierno federal de la 4T tiene marcada la intolerancia hacia los opositores quienes son señalados de manera permanente en las mañanas.
Esa polarización se da en las redes sociales y en los actos públicos encabezados por la presidente.
Sin embargo, a quienes se atreven a cuestionar a la presidenta o a los gobernadores de Morena, la reacción es la descalificación, el señalamiento o hasta la persecusión.
Lo más reciente se registró en la visita que hizo Claudia Sheiubam, a Colima fue abucheada por un grupo de personas quienes rechazan a la ampliación del Puerto de Manzanillo y sus posibles efectos sobre la Laguna de Cuyutlán.
La reacción de la presidenta en su estilo les dijo que los atendería, luego lo acusó de ser infiltrados del PRI y del PAN, para posteriormente decir que seguiría con su discurso “como si ellos no estuvieran ahí”.
No tener todo el control, le molesta a la presidenta, por eso ahora en lugar de informar se está dedicando a señalar a varios expresidentes para pretender legitimar su gestión.
*Coordinadora de la Carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Facultad de Derecho y Ciencias Política de la UJED
Twitter @lululopezsalas. Instagram @LourdesLópezSalas.