
La posibilidad de que el Revolucionario Institucional y Acción Nacional vuelvan a competir juntos en Durango durante las elecciones de 2027 comienza a visualizarse cada más cercana; ninguno de los dos partidos ha formalizado todavía el acuerdo, pero las señales políticas apuntan cada vez más en esa dirección. El PRI prácticamente ha puesto las cartas sobre la mesa y el PAN, aunque mantiene un discurso más cauteloso, reconoce que la experiencia en nuestra entidad ha sido positiva; pero quizá lo más importante está ocurriendo desde la dirigencia nacional panista, ya que su dirigente, Jorge Romero, ha comenzado a flexibilizar aquella postura que parecía cerrar prácticamente cualquier posibilidad de volver a caminar con el tricolor. Hoy el blanquiazul habla menos de una receta nacional y mucho más de entender las realidades políticas de cada estado.
Durango como ejemplo.
Para PRI y PAN existe un argumento difícil de ignorar, en Durango la suma les ha dado resultados; juntos ganaron la gubernatura con Esteban Villegas en 2022 y posteriormente mantuvieron acuerdos electorales que les permitieron conservar posiciones importantes. Por eso no sorprende que Daniela Soto haya manifestado que el tricolor está listo para repetir la fórmula, mientras Mario Salazar reconoce, desde Acción Nacional, que existen amplias posibilidades de volver a competir juntos. El dirigente panista incluso calcula que una alianza podría permitirles disputar seriamente tres de los cuatro distritos federales, conservando el cuarto, que abarca la capital. Ahí aparece la primera gran realidad rumbo a 2027, una cosa son las diferencias ideológicas que puedan existir entre ambos partidos y otra muy distinta las matemáticas electorales, pues separados tendrán mayores dificultades frente a Morena, PT y Verde; juntos, al menos en Durango, pueden construir una competencia mucho más equilibrada.
Jorge Romero.
Aquí aparece un elemento que puede terminar siendo determinante; Jorge Romero había mantenido desde la dirigencia nacional panista un discurso encaminado a recuperar la identidad propia y privilegiar las siglas de Acción Nacional después del desgaste que provocaron las alianzas nacionales con el PRI. Esa postura no ha desaparecido, pero sí comenzó a matizarse, Romero ahora reconoce que cada entidad tiene condiciones diferentes y sostiene que las posibles alianzas deberán analizarse escuchando a las dirigencias estatales, la militancia y, principalmente, los números de competitividad. La decisión formal seguirá correspondiendo al Comité Ejecutivo Nacional, pero políticamente existe una diferencia enorme entre cerrarse a una alianza nacional y aceptar que aquello que funciona en Durango puede no funcionar en otro estado, y viceversa.
San Lázaro.
Pero esta discusión no necesariamente termina en las elecciones locales, ya que el próximo año estarán también en juego los 300 distritos de mayoría relativa. Si Acción Nacional acepta que las condiciones electorales deben analizarse territorio por territorio, esa misma lógica podría trasladarse a la Cámara de Diputados, pues no tendría demasiado sentido permitir que PRI y PAN fueran juntos para disputar determinados distritos locales y obligarlos a competir separados por el federal que atraviesa prácticamente el mismo territorio; de hecho me parece que la verdadera batalla nacional de 2027 no será solamente por las gubernaturas, sino por reducir la mayoría que Morena y sus aliados mantienen en San Lázaro, ya que de eso dependerá que existan los verdaderos equilibrios en la Cámara Baja, y evitar que se sigan aprobando iniciativas de Palacio Nacional, sin moverle ni una “coma”
Movimiento Ciudadano.
Ahí aparece la tercera “pieza” del rompecabezas; Movimiento Ciudadano continúa rechazando una alianza tradicional con PRI y PAN, particularmente por el costo que, asegura, significaría asociarse con el tricolor. Sin embargo, Jorge Álvarez Máynez acaba de dejar una pequeña rendija abierta, afirmó que este partido no está cerrado a sumas, acuerdos e incluso, bajo determinadas circunstancias, algún tipo de coalición, siempre dependiendo de los casos, las personas y las causas. El problema será determinar hasta dónde llegará esa apertura, porque si PRI y PAN logran construir acuerdos regionales y los “naranjas” deciden competir sistemáticamente por separado, inevitablemente regresará la discusión sobre la fragmentación del voto opositor.