
En nuestro sistema político electoral, la única vía legítima para acceder al poder es mediante el mandato de las urnas. Por eso, la razón fundamental de ser de los partidos políticos es ganar elecciones y tener entre sus filas desde regidores, alcaldes y legisladores, hasta gobernadores y el primer mandatario o mandataria de la nación. En este contexto, durante nuestra historia reciente, los institutos políticos, tanto afines como antagónicos, se han coligado con el único objetivo de obtener triunfos electorales, sin importar que se les acuse de tener una ideología volátil, un pragmatismo exacerbado, establecer alianzas antinatura o convertirse en partidos rémora, satélites y paleros.
En principio, estas alianzas encuentran un marcado rechazo entre la ciudadanía; sin embargo, para los partidos asumir una postura fundamentalista, ortodoxa o purista sería ingenuo y dogmático, además de que disminuiría sus posibilidades de triunfo. A los ciudadanos les desagrada pensar que son los de siempre o que las alianzas se hacen con los mismos de siempre. La frase “nuestra verdadera alianza es con la ciudadanía” es tan repetitiva como falaz, pero endulza el oído de los votantes. Por ejemplo, Movimiento Ciudadano, antes Convergencia, se presenta como un partido nuevo y anti aliancista, pero buena parte de sus fundadores, dirigentes y militantes provienen de otras fuerzas políticas. Incluso su candidato presidencial en 2024, Jorge Álvarez Máynez, ha transitado por cuatro partidos, PRD, Nueva Alianza, PRI y finalmente MC, algo que difícilmente encaja con la narrativa de una política completamente nueva y alejada de los partidos tradicionales. Su propia historia electoral demuestra que las alianzas tampoco le han sido ajenas: en 2000, como Convergencia, participó en una coalición con el PRD y el PT que llevó como candidato a Cuauhtémoc Cárdenas; en 2006 y 2012 acompañó a López Obrador, y en 2018 se alió con el PAN y el PRD para postular a Ricardo Anaya. Participar de forma coaligada o hacerlo en solitario tiene que ver más con la estrategia electoral que con una plataforma, principios o ideología inamovibles.
En Durango, en 2013, el PAN y el PT se aliaron para llevar como candidato a la alcaldía al hoy emecista Jorge Salum del Palacio, bajo la dirigencia de Víctor Hugo Castañeda, quien intentó, sin éxito, sumar al PRD y a Movimiento Ciudadano. Aquella alianza sucumbió ante la coalición integrada por el PRI, PVEM, Nueva Alianza y Partido Duranguense, que llevó como abanderado a Esteban Villegas, quien ganó la alcaldía y hoy es gobernador gracias a la coalición PRI/PAN, que además funciona como alianza de gobierno. En el ámbito nacional, qué decir de 2018, cuando la coalición “Juntos Haremos Historia”, que llevó a López Obrador a la Presidencia, estuvo integrada por MORENA, PT y Partido Encuentro Social, un partido confesional, ultraconservador y de ultraderecha, antagónico ideológicamente con los preceptos liberales de la #CuartaTransformación. Incluso hoy, MORENA, sin sus partidos coaligados, no tendría la mayoría legislativa con la que ha logrado impulsar sus reformas. O del antagonismo histórico entre PRI y PAN, hoy convertidos en protagonistas de alianzas que durante décadas parecían impensables. Al final, lo fundamental no debería ser cómo llegaron al poder, sino la forma en que gobiernan; eso, y no la pureza ideológica de sus alianzas, es lo que verdaderamente debería evaluarse.
No en pocas ocasiones hemos mencionado que, en el contexto electoral, “Durango es una isla”: es la única entidad federativa donde la alianza PRI/PAN ha logrado ganar una gubernatura, y esto no es casualidad. En 2022, 2024, 2025 y recientemente en 2026 se ha aplicado lo que Esteban Villegas llama el “modelo Durango”, una estrategia que sostiene que “el equipo cuida al equipo” y que “cada quien se encarga de su metro cuadrado”. La selección de candidatos toma en cuenta qué tan conocido es cada uno, su intención de voto, sus negativos y otros factores, aunque, por supuesto, las técnicas y detalles de esta estrategia se guardan con mucho sigilo. Este modelo ha permitido frenar en dos ocasiones el tsunami morenista, sin confrontarse con el Gobierno federal. Esteban maneja una dualidad, una bifurcación: como líder opositor dice a sus adversarios “les vamos a ganar”, mientras como mandatario estatal llegó a decir “¡Viva López Obrador!” y hoy se identifica como claudista. Construye relaciones en lugar de confrontarse, lo que ha permitido traer recursos para obras sin parangón, particularmente en materia hidráulica.
En un estricto sentido aristotélico, Esteban Villegas es un animal político, lo que le permite prever y estar preparado para múltiples escenarios que la mayoría difícilmente podríamos anticipar. Por eso, sus últimas declaraciones abren escenarios que para muchos podrían resultar impredecibles. Pero nada tendría de extraño que, tres meses antes del próximo proceso electoral, Esteban pidiera licencia como gobernador para participar como candidato a diputado y, por supuesto, difícilmente cometería el error de hacerlo por mayoría relativa, cuando la vía plurinominal le ofrecería otra posibilidad. Tampoco sería descabellado pensar que pudiera ser siglado por Acción Nacional. ¿Qué tendría de extraño? Si en 2022 fue candidato a gobernador por este partido dentro de la alianza PRI/PAN, no sería una fórmula desconocida. Además, el candidato a gobernador por esa misma alianza que hoy aparece como más visible para 2028 es Toño Ochoa, quien, de mantenerse la coalición, seguramente sería siglado por el PRI.
Todo es estrategia. Poco después del 6 de julio podríamos ver a Esteban solicitar licencia como diputado federal para reintegrarse al Gobierno del Estado durante el tiempo que le quede a la gubernatura, pero manteniendo su condición de diputado federal con licencia. Sería un gobernador con nuevos bríos, sin la natural pérdida de poder del sexto año y sin enfrentar el difícil ostracismo del séptimo. Un movimiento de esta naturaleza fortalecería la alianza y abriría la posibilidad de exportar el modelo Durango a otras entidades. Nadie puede predecir hoy quién será el próximo gobernador, pero todo apunta a que la alianza PRI/PAN tiene incentivos políticos suficientes para pervivir y llegar unida a 2028, no sólo porque juntos han demostrado que pueden competir electoralmente, sino porque en Durango la alianza ha trascendido las urnas y funciona también como alianza de gobierno. Será una contienda altamente competitiva, nadie puede asegurar el triunfo, Esteban podría perder, pero de eso a pretender entregar la plaza existe un abismo de diferencia.