
Hay cifras que deberían obligarnos a detenernos, más allá del impacto inmediato que producen. En México, 18 mil 51 personas esperan actualmente un órgano o tejido que podría significar para ellas la diferencia entre continuar con vida, recuperar su salud o permanecer durante años sujetas a un tratamiento médico. El dato no es menor: detrás de cada número hay una persona, una familia y una historia que espera una oportunidad.
De acuerdo con las cifras más recientes del Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra), al 27 de septiembre de 2026 se habían realizado 4 mil 602 trasplantes en el país. De ellos, 2 mil 421 correspondieron a córneas, mil 906 a riñones, 212 a hígado y 38 a corazón. Durante el mismo periodo se registraron mil 648 donantes fallecidos. Los números muestran avances importantes, pero también revelan la dimensión de un desafío que sigue siendo enorme.
El riñón concentra buena parte de esta problemática. De las 18 mil 51 personas que integran la lista de espera nacional, 15 mil 994 necesitan un trasplante renal; es decir, prácticamente nueve de cada diez pacientes. La córnea ocupa el segundo lugar, con mil 783 personas esperando este tejido.
El problema, por tanto, no puede reducirse a la falta de voluntad para donar. La donación es apenas el primer eslabón de una cadena mucho más compleja. Se requiere identificar oportunamente a un potencial donante, obtener el consentimiento correspondiente, realizar la procuración, preservar el órgano, trasladarlo en condiciones adecuadas y conseguir que exista un equipo médico capacitado y un hospital con infraestructura suficiente para realizar el trasplante.
Y aquí aparece una de las discusiones que también debería observarse desde los estados, incluido Durango: ¿qué tan preparada está nuestra infraestructura hospitalaria para responder a una eventual donación?
El IMSS reporta un incremento de 13 por ciento en la donación multiorgánica y plantea ampliar la capacidad de trasplantes hacia hospitales de segundo nivel. También se han fortalecido los mecanismos de traslado de órganos: durante 2026 se han coordinado 646 traslados por vía aérea y terrestre. Son acciones relevantes porque un órgano no puede esperar a que la burocracia, la distancia o la falta de coordinación resuelvan un problema que, por naturaleza, tiene una carrera contra el tiempo.
Para Durango, este punto merece especial atención. Nuestra condición geográfica, las distancias entre municipios y la concentración de determinados servicios médicos especializados hacen que la logística sea un componente fundamental. No basta con promover campañas que digan “dona”; también es necesario preguntarnos qué sucede después de que una familia decide convertir un momento de enorme dolor en una oportunidad para salvar otras vidas.
La cultura de la donación debe crecer, pero acompañada de información clara y de confianza en las instituciones. Una persona puede estar dispuesta a donar, pero necesita saber cómo hacerlo, qué implica su decisión y qué mecanismos existen para garantizar que su voluntad sea respetada.
También sería un error considerar que la solución depende exclusivamente de la ciudadanía. La donación requiere instituciones capaces de responder. Se necesitan profesionales especializados, coordinación entre hospitales, protocolos eficientes, transporte, infraestructura, personal suficiente y mecanismos de seguimiento que permitan conocer los resultados.
En ese sentido, el reto para Durango no debería ser únicamente incrementar el número de personas que manifiestan su intención de donar. El verdadero desafío consiste en construir una cadena de procuración y trasplante suficientemente sólida para que, cuando aparezca un donante, el sistema pueda aprovechar esa oportunidad al máximo.
Porque un órgano donado que no puede ser procurado oportunamente, trasladado o implantado representa algo más que una falla administrativa: representa una oportunidad perdida para alguien que lleva meses o años esperando.
La conversación sobre trasplantes, entonces, debe dejar de aparecer únicamente cuando se conmemora el Día Nacional de la Donación y Trasplante de Órganos. Tiene que formar parte permanente de la agenda de salud pública.
México ha demostrado que tiene capacidad para procurar y trasplantar órganos. Las cifras de 2026 muestran avances. Pero también muestran una realidad difícil de ignorar: mientras miles de personas esperan un órgano, cada donación efectiva adquiere un valor extraordinario.
En Durango, la pregunta debería ser sencilla, aunque la respuesta no lo sea: ¿estamos haciendo todo lo necesario para que una persona que decide donar pueda realmente convertirse en una oportunidad de vida para otra?
La respuesta no depende únicamente de quienes tienen la voluntad de donar. Depende también de que exista un sistema preparado para recibir esa voluntad, transformarla en una donación efectiva y, finalmente, convertirla en lo que verdaderamente importa: una segunda oportunidad para vivir.