
Las 12 acciones que anunciaron la presidenta Claudia Sheinbaum y el director general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Zoé Robledo, para implementarse durante los próximos 120 días, seguramente representan un esfuerzo importante para mejorar las condiciones de atención médica en nuestro país; sin embargo, pareciera que estamos frente a una simple “mejoralita” para una enfermedad que desde hace muchos años mantiene prácticamente en terapia intensiva al sistema público de salud; porque una cosa es presentar cifras, inversiones y compromisos desde Palacio Nacional, y otra muy distinta es enfrentar la realidad que diariamente padecen millones de derechohabientes cuando necesitan una consulta, medicamentos, estudios especializados o una intervención quirúrgica.
Esfuerzo.
De entrada, se anunció una inversión de 11 mil 745 millones de pesos, un incremento salarial del ocho por ciento, la basificación de 10 mil 939 trabajadores y la contratación de otros dos mil 500 médicos especialistas; también se contempla adquirir equipos de alta tecnología, camas, camillas y mejorar el abastecimiento de medicamentos. Nadie podría cuestionar que estas acciones son necesarias, pero tampoco podemos ignorar que representan apenas una pequeña parte de las enormes necesidades que enfrenta el Seguro Social. Basta recorrer cualquier clínica u hospital para encontrarnos con instalaciones deterioradas, pacientes esperando durante horas y familias que deben conseguir por su cuenta medicamentos o materiales indispensables para recibir atención. Esa es la realidad que difícilmente aparece en las presentaciones oficiales, donde generalmente se presume lo realizado, pero pocas veces se reconoce públicamente todo aquello que sigue pendiente.
Milagros.
Aquí también debemos ser muy claros, médicos, enfermeras, camilleros, trabajadores administrativos y personal de mantenimiento hacen, en muchísimos casos, verdaderos milagros con los recursos disponibles. Sería injusto responsabilizarlos de las deficiencias de una institución que durante décadas ha venido acumulando rezagos presupuestales, administrativos y operativos. El problema no comenzó con Claudia Sheinbaum, tampoco con Andrés Manuel López Obrador, pero sería igualmente irresponsable utilizar ese argumento para justificar que las condiciones continúen siendo prácticamente las mismas. Cada administración ha tenido su oportunidad de corregir el rumbo y, lamentablemente, los resultados siguen quedándose cortos frente a las necesidades de una población que crece, envejece y demanda servicios cada vez más especializados.
Diferencia.
Otro de los compromisos anunciados contempla realizar más de 31 mil cirugías adicionales, mejorar los servicios de urgencias y mantener abiertas las agendas de especialidades durante diciembre. Suena bastante bien, pero habría que preguntarnos cuántos pacientes continúan esperando una operación, cuántos meses deben transcurrir para conseguir una cita y cuántas personas terminan pagando consultas particulares porque simplemente no pueden esperar; ahí está precisamente la diferencia entre presentar resultados administrativos y resolver verdaderamente los problemas de salud, porque comprar equipos no garantiza que funcionen oportunamente, contratar especialistas tampoco asegura cobertura suficiente y anunciar medicamentos disponibles no significa que efectivamente lleguen a las manos de quienes los necesitan.
Reto.
Difícilmente esta administración federal podrá resolver completamente una crisis que se ha venido gestando durante tantos años, pretenderlo sería desconocer la magnitud del problema; sin embargo, Claudia Sheinbaum tiene todavía la oportunidad de establecer las bases para una transformación profunda, siempre que exista voluntad para reconocer las deficiencias sin maquillarlas mediante estadísticas convenientes. El reto no consiste únicamente en cumplir doce compromisos durante cuatro meses, sino en construir una estrategia permanente, con presupuesto suficiente, supervisión independiente y resultados medibles desde la experiencia de los pacientes. Ojalá que Zoé Robledo comprenda que el éxito no estará en presumir millones invertidos, sino en conseguir que cualquier mexicano reciba atención digna, medicamentos completos y tratamientos oportunos.