
Hay entrevistas que terminan cuando se apaga la cámara y hay otras que se quedan dando vueltas en la cabeza.
La conversación con Margarita Valdez fue de esas.
Más allá de la senadora, de Morena, de los ocho años en el Senado y de las posiciones políticas que ha defendido, apareció algo que pocas veces se alcanza a ver en un político: la historia personal que explica muchas de sus decisiones.
Margarita habla de política, pero también habla de su madre, de sus hijos, de sus perros, de cuando trabajaba como enfermera, de sus años como médica, de las veces que tuvo problemas laborales por participar políticamente y hasta de aquel dinero que recibió después de ganar un litigio laboral y que terminó utilizando para hacer campaña.
Eso cambia la conversación.
Porque entonces uno entiende que su llegada al Senado no fue el resultado de una carrera política tradicional. Ella misma lo reconoce. No fue regidora, no fue diputada y tampoco llegó diciendo que tenía todas las respuestas.
Llegó, aprendió y se hizo camino.
Quizá por eso insiste tanto en algo que parece sencillo, pero que en política no siempre se practica: escuchar.
Durante la entrevista habló de sus recorridos por los 39 municipios de Durango y de lo que encontró fuera de los escritorios. Escuelas que necesitan atención, caminos en malas condiciones, comunidades donde faltan medicamentos y ciudadanos que saben perfectamente qué está pasando, aunque desde las oficinas a veces parezca que nadie se ha enterado.
Ahí está una de las claves de Margarita Valdez.
Puede gustar o no su posición política. Puede coincidirse o discreparse con Morena y con la Cuarta Transformación. Eso forma parte del debate democrático.
Pero sería injusto reducirla únicamente a eso.
Hay una trayectoria detrás.
Su historia dentro de la izquierda viene desde muy joven, cuando participaba en círculos de estudio y aprendía, como ella misma cuenta, a discutir y también a aceptar que otros pensaran diferente.
Quizá por eso no le preocupa demasiado hablar de las diferencias dentro de Morena. Para ella, pensar distinto no necesariamente significa romper.
Y ahí hay una lectura política interesante.
Morena enfrenta una etapa distinta. Ya no está en aquellos años en los que bastaba con ser oposición. Ahora tiene gobiernos, responsabilidades, candidaturas, grupos internos y, por supuesto, aspiraciones personales.
Valdez parece tener claro que el reto será no perder de vista para qué llegaron.
En la conversación lo dijo a su manera: no se trata de entrar a la política para tener ranchos, yates o aviones. Se trata de hacer algo por los demás.
Puede sonar a frase sencilla. En realidad, en estos tiempos no lo es tanto.
Y quizá por eso el momento más humano de la entrevista llegó al final.
Le pregunté qué le diría a aquella Margarita de 18 años que comenzaba a trabajar, estudiar y participar políticamente.
No habló de triunfos.
Habló de levantarse.
Porque si algo ha caracterizado su historia es precisamente eso: la capacidad de seguir adelante cuando las cosas se complican.
Hoy Margarita Valdez es senadora de la República y una de las figuras de Morena con mayor presencia política en Durango.
Pero después de escucharla durante una hora, me quedo con otra imagen.
La de la mujer que sigue creyendo que Durango puede cambiar, que sigue hablando de su estado con cariño y que todavía encuentra tiempo para recordar aquella ciudad que conoció de niña.
Al final, quizá ahí está su mayor fortaleza política.
No en el cargo.
En la historia que hay detrás del cargo.