
Las elecciones del pasado 3 de noviembre en Estados Unidos dejaron una derrota que Donald Trump difícilmente podrá minimizar, los demócratas recuperaron el control del Senado y de la Cámara de Representantes, después de que millones de estadounidenses expresaron su inconformidad con el rumbo económico y la guerra contra Irán. Pero sería un error pensar que el presidente quedará inmovilizado; por el contrario, podría endurecer decisiones para demostrar que conserva el mando; y ahí México debe poner atención, porque las consecuencias de esa disputa política podrían sentirse en nuestra seguridad, la frontera, el comercio y hasta en el precio de la gasolina.
Acciones.
Uno de los escenarios que considero más delicados es que Trump intensifique su discurso y sus acciones contra los cárteles mexicanos, utilizando la seguridad nacional como argumento para recuperar protagonismo ante sus electores; no necesariamente necesitaría una nueva ley para aumentar presiones diplomáticas, operaciones de inteligencia o sanciones contra organizaciones criminales; otra cosa sería pretender intervenir militarmente en territorio mexicano, decisión con enormes implicaciones jurídicas y diplomáticas. La Presidenta Claudia Sheinbaum tendría que defender la soberanía sin cerrar la cooperación, porque tampoco puede ignorarse la violencia que padecemos, porque el riesgo es que la lucha contra el narcotráfico termine convertida en instrumento de una confrontación partidista estadounidense, mientras México paga los costos de una estrategia diseñada para obtener resultados políticos allá.
Migración.
La frontera podría convertirse nuevamente en escenario de decisiones espectaculares, porque Trump conserva facultades administrativas para endurecer controles, ampliar operativos y modificar prioridades de deportación, aunque los tribunales y el Congreso pueden establecer límites, especialmente cuando se requieren recursos adicionales. Si busca enviar un mensaje de autoridad después del revés electoral, no sería extraño que aumentara la presión sobre México para recibir migrantes expulsados o contener caravanas antes de que lleguen a territorio estadounidense. El problema es que nuestro país no dispone de capacidades ilimitadas para atenderlos, ofrecerles seguridad y garantizar sus derechos. Una política migratoria utilizada como demostración de fuerza puede terminar generando tensiones sociales y económicas en ciudades fronterizas.
Aranceles.
En materia comercial tampoco conviene confundir una mayoría demócrata con un seguro contra las amenazas de Trump. El Congreso tiene atribuciones sobre comercio exterior y puede investigar, legislar o condicionar determinadas medidas, pero el presidente dispone de instrumentos legales para imponer aranceles bajo supuestos específicos, sujetos también a revisión judicial. México enfrenta además la incertidumbre de la relación comercial y de las negociaciones alrededor del T-MEC. Cualquier amenaza arancelaria, aunque después sea retirada, puede retrasar inversiones, encarecer insumos y golpear empleos; por eso sería ingenuo celebrar el resultado electoral como si automáticamente desaparecieran los riesgos económicos. Trump podría utilizar nuevamente los impuestos a las importaciones como moneda de cambio para exigir concesiones en migración y seguridad.
Guerra.
Donde sí pudiera presentarse un cambio importante es en la guerra contra Irán, iniciada por Washington y sus aliados, que ha provocado una sacudida energética internacional. Las restricciones al tránsito por el estrecho de Ormuz elevaron el costo del petróleo y terminaron presionando el precio de combustibles en numerosos países, incluido México. Tras la elección, los mercados reaccionaron con una caída significativa del crudo ante la posibilidad de una salida negociada, pero eso no significa que la paz esté garantizada. Un Congreso adverso puede cuestionar autorizaciones, financiamiento y continuidad de operaciones militares, aunque no tiene un interruptor para detener por sí solo al presidente; si el conflicto termina y se normaliza el transporte marítimo, podrían estabilizarse los precios internacionales; que esa reducción llegue a las gasolineras mexicanas dependerá también de impuestos, tipo de cambio y decisiones internas.