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Marcelo Ebrard, aclarando dudas

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La reciente visita de Marcelo Ebrard a Durango, aclaró una serie de dudas, que todavía rondaban por el Ambiente Político, respecto al favoritismo de Palacio Nacional en la “designación” de la candidatura presidencial. Para empezar, tiene razón el canciller: si Andrés Manuel López Obrador ya se hubiera decantado por alguien en particular, no tendría ningún caso desgastarse en una carrera perdida, y para seguirle, aunque, evidentemente AMLO tendrá una gran influencia en la determinación de su sucesor, el proceso de elección corresponde a MORENA, por lo que es fundamental que el partido de la 4T no se equivoque en dicho proceso, porque de llegar a ensuciar con intereses oscuros los métodos internos, estarían pisoteando el proyecto que llevó al tabasqueño a ocupar la máxima magistratura del país, en otras palabras, estarían traicionando al mismísimo López Obrador.

La claridad de la política exterior, principalmente en lo que se refiere a las relaciones bilaterales con Estados Unidos, siendo este país vecino el principal socio comercial, también disipa dudas, puesto que existe una absoluta comunión en la forma en la que el presidente ha expresado su defensa de la soberanía y el posicionamiento de la cancillería. El manejo de las Relaciones Exteriores no se le confía a novatos o funcionarios hechos al vapor, y menos cuando las tensiones exigen firmeza. Además, por si alguien lo dudaba, Ebrard Casaubón ha consolidado un gran equipo distribuido a lo largo y ancho del territorio nacional, que responde a las más apremiantes exigencias de la dependencia a su cargo, lo cual, a la vez, fortalece el proyecto sucesorio que él mismo encabeza; prueba de ello fue la extraordinaria convocatoria que realizó Nacho Aguado con medios de comunicación y líderes de opinión.

Queda claro que a Marcelo le interesa avanzar en cualquier rincón del país; sabe que una elección se gana o se pierde con la mínima diferencia de votos, y que esa fue la ruta que siguió quien ahora despacha en Palacio Nacional después del 2006, cuando sus adversarios “lo daban por muerto”. La duda acerca de su permanencia en MORENA, también ha quedado resuelta. Sus mejores números en cuanto a preferencias electorales se refiere, están vinculados al partido de la 4T. Pudiera sonar muy lógico, sin embargo, en su caso, esto obedece a una trayectoria de lealtad, que tiene sus orígenes hace más de dos décadas, acompañando el proyecto Lopezobradorista, como un liderazgo que se ha abierto camino. No hay duda, Marcelo sería un buen candidato en la Cuarta Transformación o fuera de ella; las otras corcholatas, simplemente, serían promotores de lo que ha hecho su líder moral, tal como ocurre hasta el momento.

Indudablemente, para que MORENA elija la mejor candidatura presidencial, se requiere que las corcholatas estén en igualdad de condiciones, es decir, que haya piso parejo, solo que, si consideramos las capacidades y el talento en el ejercicio de la política, hay una enorme diferencia entre el canciller y sus adversarios internos, y no pocos externos. Separarse del cargo, fortalecería la figura de Marcelo, mientras los demás se desdibujan. Debatir los temas de interés en el país, permitiría a Marcelo exponer todo su potencial, mientras los demás, solo exhibirían sus limitaciones. Responder a una sola pregunta, muy concreta, en la encuesta de MORENA para definir al sucesor de AMLO, sería lo más justo para todos, aunque se aclararía otra duda, pues se pondría en evidencia, de una vez por todas, la ventaja de Marcelo.

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