
Cuando desde Palacio Nacional se insiste, un día sí y al otro también, en que la defensa de la soberanía no está en juego, y que no se permitirá la incursión de ningún gobierno extranjero en las decisiones de nuestro país, la realidad le da a esa narrativa una enorme “sacudida”, pues esas palabras, que a muy pocos convencen, terminan siendo rebasadas por algo que está a simple vista, pues no se requiere de grandes investigaciones para deducir que algunos perfiles sí pudieran tener vínculos con grupos delincuenciales. Para muestra, la entrega de dos de los 10 señalados por la Fiscalía de Estados Unidos, quienes junto con el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, son señalados de tener esos vínculos. Tanto el exsecretario de finanzas como el exsecretario de seguridad del vecino estado sinaloense, prefirieron entregarse allá para buscar algunos beneficios de ser aceptados como testigos cooperantes; y desde luego todo esto deja en evidencia que esta administración federal busca proteger a los suyos, minimizando las acusaciones.
Noroña.
Y es que algunas declaraciones de quienes pertenecen al movimiento rayan en lo absurdo; es el caso del senador Gerardo Fernández Noroña, quien criticó que el gabinete de seguridad en nuestro país no haya tenido vigilados a los mexicanos señalados por Estados Unidos, casi como queriendo decir que debieron estar bajo resguardo de las autoridades mexicanas para evitar precisamente eso, que escucharan el “canto de las sirenas” y buscaran protección estadounidense en caso de buscar cooperar. El asunto es que mientras se asegura que no existen esos vínculos, el legislador federal hace esa crítica; entonces si en verdad son inocentes ¿cómo y por qué el gabinete de seguridad tendría que resguardarlos?, si se busca que no hablen con nadie, es porque quizá algo saben quienes se entregaron y desde este lado se sabe que si dicen todo, evidentemente caerán otros perfiles con mayor rango, ya sea de esta o de la pasada administración federal.
Chihuahua.
En una acción, que incluso me parece hasta descarada y desesperada, Ariadna Montiel, “Andy” López Beltrán y la senadora Andrea Chávez, encabezaron una supuesta marcha multitudinaria en el estado de Chihuahua, para pedir juicio político contra la gobernadora Maru Campos, a quien acusan de haber facilitado la entrada de agentes de la CIA para desactivar un narcolaboratorio. El problema es que esta manifestación llega en el peor momento de credibilidad para el cuatroteísmo, porque mientras se sigue buscando desviar la atención hacia lo que pasó en la entidad norteña, desde luego bajo la instrucción desde Palacio Nacional, lo que vive Sinaloa es todavía más grave. Desde luego eso no quiere decir que haya una investigación a fondo de lo que ocurrió en Chihuahua, y claro que se debe castigar a quienes sean responsables, pero ello no exime al Gobierno Federal a hacer lo mismo con Rocha Moya y su grupo más cercano; es decir, la justicia no se aplica con el mismo “rasero”.
Extradición.
Aunado a todo lo anterior, parece increíble que personajes como el senador Saúl Monreal, esté solicitando que ahora Estados Unidos extradite al exsecretario de seguridad y al exsecretario de finanzas de Sinaloa a nuestro país, que incluso debieron entregarse aquí. El legislador zacatecano piensa que los mexicanos nos “chupamos el dedo”, porque evidentemente ello implicaría que aquí no les pasará nada, y los quiere de regreso justo para que no hablen lo que saben, y que podrían ser las pruebas que tanto se han pedido desde este lado. Sería hasta infantil pensar que los estadounidenses van a atender esta solicitud del hermano de Ricardo Monreal, porque de aquel lado saben de la importancia de la información, máxime cuando Gerardo Mérida ha operado otras entidades como el caso de Tamaulipas. Una vez más, la realidad rebasa el discurso morenista.
Pruebas.
A todo esto habría que agregarle el ingrediente final, pues la Presidenta Claudia Sheinbaum, y gran parte del morenismo han estado pidiendo las pruebas para poder detener provisionalmente a los señalados con fines de extradición, pero resulta que las mismas “pruebas” fueron y se entregaron allá.