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Morir de calor: la nueva amenaza de salud pública

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Jacquelinne Varona
Viento Favorable
19/05/2026

El incremento de las temperaturas extremas ya no puede entenderse únicamente como un fenómeno meteorológico; actualmente constituye una crisis multidimensional que involucra salud pública, desigualdad social, urbanización, contaminación ambiental y capacidad institucional del Estado.
Desde una perspectiva sociológica, las olas de calor revelan cómo el cambio climático afecta de manera desigual a distintos sectores sociales. Aunque las altas temperaturas impactan a toda la población, no todas las personas poseen las mismas condiciones materiales para protegerse. La capacidad de adaptación depende profundamente del nivel socioeconómico, del acceso a servicios básicos y de las condiciones urbanas y laborales.
Las personas con mayores ingresos suelen contar con viviendas térmicamente acondicionadas, acceso continuo a electricidad, aire acondicionado, atención médica oportuna, menor exposición física al sol. En contraste, millones de personas en México viven en condiciones que aumentan su vulnerabilidad: viviendas de lámina o concreto que acumulan calor, acceso limitado al agua potable, empleo informal o trabajo al aire libre, transporte público saturado, contaminación atmosférica elevada, deficiente infraestructura urbana. Esto convierte al calor extremo en un fenómeno de desigualdad climática. Los sectores más pobres son quienes experimentan mayor exposición y menor capacidad de protección.
El cuerpo humano posee mecanismos fisiológicos para regular la temperatura, principalmente mediante la sudoración y la circulación sanguínea. Sin embargo, existe un límite biológico de adaptación. Cuando la temperatura ambiental supera ciertos niveles —especialmente combinada con humedad elevada— el organismo comienza a fallar en su capacidad para disipar calor.
Entre las principales afectaciones a la salud destacan la deshidratación severa, golpe de calor, agotamiento térmico, insuficiencia renal, alteraciones cardiovasculares, descompensación de diabetes e hipertensión, problemas respiratorios, daño neurológico y aumento de mortalidad en adultos mayores.
El golpe de calor representa la manifestación más grave. Puede elevar la temperatura corporal por encima de 40°C, provocando falla multiorgánica y muerte. Los grupos más vulnerables son personas adultas mayores, niñas y niños, trabajadores agrícolas y de construcción, personas en situación de calle, personas con enfermedades crónicas y población sin acceso constante a refrigeración o hidratación.

El aumento de temperatura responde principalmente al calentamiento global causado por actividades humanas. Entre las causas más importantes se encuentran:

  1. Emisión de gases de efecto invernadero: La quema de combustibles fósiles —gasolina, carbón y gas natural— libera dióxido de carbono y otros gases que retienen calor en la atmósfera.
  2. Deforestación: La pérdida de bosques reduce la capacidad natural del planeta para absorber carbono y regula menos la temperatura ambiental.
  3. Urbanización descontrolada: Las ciudades generan “islas de calor”. El concreto, asfalto y ausencia de áreas verdes incrementan considerablemente la temperatura urbana.
  4. Sobreconsumo energético: El uso masivo de vehículos, industrias y sistemas eléctricos intensifica la contaminación y el calentamiento.
  5. Contaminación atmosférica: Las partículas contaminantes alteran ciclos climáticos y deterioran la calidad del aire, agravando problemas respiratorios durante olas de calor.
    Existe una idea equivocada de que “el cuerpo terminará acostumbrándose”. Aunque el organismo puede adaptarse parcialmente, la biología humana tiene límites.
    El cuerpo necesita mantener una temperatura cercana a 37°C. Cuando el ambiente es demasiado caliente: el sudor deja de enfriar eficientemente, el corazón trabaja más para regular temperatura, aumenta la pérdida de líquidos y minerales y se reduce la capacidad física y cognitiva.
    Además, el calentamiento sostenido afecta el sueño, la concentración y la salud mental. Diversos estudios han encontrado relación entre calor extremo y el aumento de irritabilidad, fatiga, ansiedad, violencia interpersonal y/o disminución del rendimiento laboral y escolar. Es decir, el calor no sólo enferma físicamente; también modifica dinámicas sociales y conductuales.
    Aunque las muertes oficiales en México por calor parecen menores frente a otros problemas de salud, existe subregistro. Muchas defunciones derivadas de deshidratación, infartos o insuficiencia renal asociadas al calor no siempre son clasificadas directamente como “muertes por temperatura extrema”.
    Por otro lado, aunque distintos índices internacionales cambian año con año, países como Finlandia, Suecia y Dinamarca suelen aparecer entre los más limpios y ambientalmente sostenibles del planeta. Un caso particularmente representativo es Finlandia. Esto se da porque:
  6. Planeación urbana sustentable. Las ciudades finlandesas priorizan: transporte público eficiente, ciclovías, espacios verdes y regulación ambiental estricta.
  7. Energías limpias. Existe menor dependencia de combustibles fósiles y mayor inversión en energías renovables.
  8. Educación ambiental. La conciencia ecológica forma parte de la cultura cívica y educativa desde edades tempranas.
  9. Instituciones más sólidas. Las políticas ambientales suelen aplicarse con continuidad, supervisión y menor corrupción.
  10. Menor desigualdad social. La población posee mayor acceso universal a salud, vivienda digna y servicios públicos.
    ¿Por qué su población es más saludable? La salud no depende únicamente de hospitales; depende del entorno social y ambiental. En Finlandia existe mejor calidad del aire, menor exposición a contaminación, alimentación más regulada, mayor actividad física cotidiana, mejores condiciones laborales, menor estrés urbano extremo.
    En cambio, México enfrenta crecimiento urbano acelerado, contaminación atmosférica elevada en varias ciudades, sistemas de salud saturados, desigualdad estructural, precariedad laboral y escasez de áreas verdes urbanas. La diferencia fundamental no es únicamente económica; también radica en la capacidad institucional para priorizar políticas públicas de largo plazo.
    El aumento de temperaturas extremas evidencia que el cambio climático dejó de ser una amenaza futura para convertirse en una emergencia presente. Las muertes asociadas al calor muestran que los efectos climáticos ya impactan directamente la salud, la economía y la estabilidad social.
    México enfrenta un desafío complejo: adaptarse rápidamente a condiciones ambientales cada vez más severas mientras combate problemas estructurales como desigualdad, urbanización desordenada y contaminación. La crisis climática no sólo trata del planeta; trata de la capacidad humana y social para sobrevivir en entornos cada vez más hostiles.

Columna: Viento Favorable
Autora: Mtra. Jacquelinne Varona
X: @JackyVarona

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Jacquelinne Varona es Licenciada en Sociología por la UNAM y Maestra en Gestión Pública por la UJED. Mujer trabajadora, observadora de lo social, fan del cine y apasionada de las pláticas amenas.
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