
En los últimos días hemos visto diversos cambios en la ciudad de Durango en materia de señalización vial, buscando mejorar la circulación, evitar accidentes y disminuir las largas filas de tráfico que diariamente afectan a los conductores.
Y claro, mientras la ciudadanía se acostumbra a estas modificaciones, existe cierto descontento y, es que, al ser humano normalmente le cuesta adaptarse a los cambios, hasta que finalmente logra comprenderlos y hacerlos parte de su rutina.
Mucho se habla de educar a los automovilistas, motociclistas y en general a toda persona que conduce un vehículo a motor; pero, ¿cuándo hablaremos también de la responsabilidad de los peatones?
Pareciera que socialmente existe la idea de que el peatón siempre tiene la razón y que automáticamente es víctima en cualquier accidente vial, cuando la realidad no siempre es así.
En un hecho de tránsito la responsabilidad debe analizarse y determinarse mediante un peritaje; no puede asumirse únicamente por quién iba caminando y quién conducía.
También existen obligaciones para quienes transitan a pie; una de ellas es caminar por las banquetas y no por en medio de la calle, como ocurre frecuentemente en muchas colonias pero lo preocupante es que, cuando un conductor hace una observación al respecto, termina siendo señalado como el responsable o el intolerante.
Otra obligación básica es cruzar por las esquinas o por las zonas señaladas para ello, sin embargo, muchas personas deciden atravesar las calles o avenidas por cualquier punto, ignorando completamente el riesgo que esto representa tanto para ellas como para los conductores.
Lo mismo sucede con los puentes peatonales y pasos peatonales, que en muchas ocasiones simplemente no son utilizados; después vienen los accidentes y automáticamente toda la responsabilidad recae sobre quien manejaba.
La realidad es que la cultura vial debe ser compartida, sí, así como se exige a los conductores manejar a la defensiva, respetar límites de velocidad y señales de tránsito, también el peatón debe actuar con responsabilidad, precaución y sentido común.
La seguridad vial no depende únicamente de quien lleva el volante; depende de todos.
La responsabilidad y el autocuidado son individuales, porque al final lo más importante es proteger nuestra vida, y como bien dice el dicho: si nosotros no nos cuidamos, entonces ¿quién lo hará?