
En la Comarca Lagunera el agua dejó de ser únicamente un servicio público para convertirse en la principal prueba de capacidad de los gobiernos municipales. Lerdo, Gómez Palacio y Torreón comparten el mismo acuífero, enfrentan el mismo clima y padecen la misma presión sobre un recurso cada vez más escaso. Sin embargo, sus políticas públicas revelan prioridades muy diferentes.
Lerdo decidió apostar por la cobertura. Alcanzar el acceso universal al agua potable representa un logro importante porque demuestra que la inversión pública puede llegar hasta las comunidades más alejadas. No obstante, la cobertura no significa necesariamente calidad del servicio. De poco sirve que el agua llegue a todos si continúa circulando por tuberías envejecidas que generan fugas, pérdidas y elevados costos de operación. El siguiente desafío ya no consiste en conectar más viviendas, sino en modernizar una infraestructura que comienza a mostrar señales de agotamiento.
En Gómez Palacio la estrategia ha sido distinta. El gobierno municipal ha concentrado recursos en el mantenimiento de pozos, la rehabilitación de infraestructura y, recientemente, en una política de seguridad para combatir el robo de agua. Reconocer que el agua también se roba es aceptar una realidad incómoda: las pérdidas no siempre provienen de fugas, sino también de conexiones clandestinas, extracción ilegal y distribución irregular. Combatir estas prácticas resulta indispensable, aunque la vigilancia por sí sola nunca sustituirá la inversión en infraestructura.
Torreón, por su parte, parece haber entendido que administrar el agua implica medirla. La expansión de la micromedición, la rehabilitación de colectores y los operativos contra pipas clandestinas muestran una visión enfocada en la eficiencia del sistema. La diferencia es evidente: mientras otros municipios todavía discuten cómo distribuir el recurso, Torreón intenta reducir las pérdidas técnicas y comerciales que durante años afectaron su organismo operador.
La comparación deja una enseñanza importante. Cada municipio ha atacado una parte distinta del problema: Lerdo privilegia la cobertura, Gómez Palacio fortalece el mantenimiento y la vigilancia, y Torreón apuesta por la eficiencia operativa. Sin embargo, ninguna estrategia será suficiente de manera aislada.
La verdadera política pública del agua debe integrar cobertura, infraestructura moderna, alcantarillado eficiente, saneamiento, tecnología, medición y un combate frontal al robo del recurso. Mientras alguno de esos elementos falte, el sistema seguirá perdiendo miles de litros todos los días, ya sea por fugas invisibles o por conexiones clandestinas.
El agua será, probablemente, el tema que defina el futuro de la Comarca Lagunera durante la próxima década. Los gobiernos municipales ya no serán evaluados únicamente por inaugurar obras, sino por garantizar que cada litro extraído del subsuelo llegue a los hogares y no termine desperdiciado en tuberías rotas o robado por quienes consideran que el recurso público no tiene dueño.
Porque en una región donde cada gota cuenta, gobernar bien también significa impedir que el agua se pierda.