
Tras las desafortunadas declaraciones hechas por las legisladoras Nayeli Salvatori y Graciela Palomares, en contra de uno de los sectores poblacionales que, electoralmente le han redituado a la Cuarta Transformación, se dio a conocer de la suspensión de sus derechos partidistas en Morena, de acuerdo a lo que se dio a conocer por parte del comité estatal en Puebla. Desde luego esto tiene “tintes” presidenciales, pues seguramente la orden fue emitida desde Palacio Nacional, ya que la propio Presidenta, Claudia Sheinbaum, fue quien desaprobó dichas declaraciones, de ahí la inmediatez en el proceso para eliminarles ese derecho dentro de ese instituto político. Más allá de la crítica social que han recibido, hoy tienen que enfrentar este castigo que las limitará en futuras aspiraciones.
Advertencia.
Resulta difícil pensar que la reacción de Morena hubiera tenido la misma velocidad si desde Palacio Nacional no se hubiera fijado previamente una postura sobre el tema. Claudia Sheinbaum rechazó públicamente cualquier expresión discriminatoria, incluso cuando proviene de integrantes de su propio movimiento, y poco después la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia actuó contra las legisladoras poblanas. Políticamente, la lectura parece clara, la Presidenta no está dispuesta a permitir que sean los propios morenistas quienes contradigan con sus expresiones el discurso de inclusión y respeto que promueve la Cuarta Transformación; y esto representa una advertencia hacia el interior del partido, porque quien incurra en situaciones similares puede terminar enfrentando el mismo destino.
Símbolos.
Hay además un elemento que seguramente pesó en la reacción política, las expresiones estuvieron dirigidas hacia los adultos mayores, uno de los sectores que mayor respaldo ha mostrado al proyecto iniciado por Andrés Manuel López Obrador y continuado por Claudia Sheinbaum; porque los programas sociales, particularmente la pensión para adultos mayores, se convirtieron desde el sexenio anterior en uno de los principales símbolos de la política social de la Cuarta Transformación. Por eso resulta contradictorio que representantes populares emanadas de Morena hagan comentarios que puedan considerarse ofensivos hacia quienes durante años han sido colocados en el centro del discurso gubernamental. El problema para Salvatori y Palomares no fue solamente haber provocado una polémica en redes sociales, sino haber tocado una fibra particularmente sensible dentro del movimiento.
Precedente.
La sanción también debe entenderse dentro del contexto electoral que comienza a construirse rumbo al 2027; Morena llegará a ese proceso con una enorme cantidad de aspirantes buscando candidaturas y, precisamente por ello, la disciplina interna será fundamental. La dirigencia nacional y la propia Presidenta saben que cualquier exceso, declaración desafortunada o comportamiento que contradiga los principios que públicamente defiende el movimiento puede convertirse en argumentos para la oposición. Lo ocurrido en Puebla establece entonces un precedente político, pertenecer a Morena no necesariamente será suficiente para recibir protección cuando se cometa un error que genere un costo público para el partido.
Responsabilidad política.
Habrá que esperar para conocer hasta dónde llegará finalmente la sanción contra ambas diputadas, pues la suspensión anunciada es temporal y todavía queda por conocerse el desenlace del procedimiento partidista; sin embargo, el daño político ya está hecho. En tiempos donde una declaración puede difundirse nacionalmente en cuestión de minutos, quienes ocupan un cargo público deberían entender que existe una enorme diferencia entre generar contenido para obtener reproducciones y ejercer una responsabilidad política. Salvatori y Palomares cruzaron esa “línea” y ahora enfrentan las consecuencias. Pero quizá lo verdaderamente relevante no sea únicamente lo ocurrido con ellas, sino el mensaje enviado al resto de Morena, Claudia Sheinbaum parece decidida a cuidar la disciplina, el discurso y la imagen de su movimiento.