
Durante prácticamente en los últimos años, Morena ha demostrado que una de sus principales fortalezas es el control que mantiene en el Congreso de la Unión, donde acompañado del Partido Verde y del Partido del Trabajo ha logrado sacar adelante prácticamente todas las reformas impulsadas desde Palacio Nacional; sin embargo, el escenario comienza a complicarse y lo que hasta hace algunos meses parecía una maquinaria legislativa perfectamente “aceitada”, hoy enfrenta dificultades que podrían convertirse en un verdadero “dolor de cabeza” para la presidenta Claudia Sheinbaum. La salida de Enrique Inzunza del grupo parlamentario moresnista en el Senado y las diferencias expresadas públicamente por Gerardo Fernández Noroña son señales de que la unidad comienza a tener fisuras; y cuando se gobierna con una mayoría calificada sostenida prácticamente con “alfileres”, cualquier ausencia, inconformidad o ruptura puede terminar modificando decisiones importantes para el país.
Inzunza.
El caso del senador sinaloense Enrique Inzunza resulta particularmente delicado porque Morena y sus aliados están llegando al límite de los votos necesarios para modificar la Constitución. Su salida de la bancada guinda cambia las matemáticas y convierte cada votación importante en una operación política; dependiendo del número de legisladores presentes, las dos terceras partes tendrán que calcularse prácticamente sesión por sesión, pero el bloque oficialista ya no tiene el margen de maniobra que anteriormente presumía. Paradójicamente, esto ocurre después de que buena parte del propio morenismo pidió a Inzunza que dejara la curul ante los señalamientos que enfrenta. El sinaloense no atendió ese llamado y optó solamente por abandonar el grupo parlamentario y mantenerse como senador independiente. Ricardo Monreal reconoció que la mayoría calificada puede ponerse en riesgo, mientras otros dirigentes morenistas han minimizado el problema y confían en que Inzunza continuará acompañando las reformas de la Cuarta Transformación.
Fragilidad matemática.
Ahí está quizá el verdadero problema que enfrentará Morena durante el periodo legislativo que comienza; cuando una mayoría depende de uno o dos votos, ya no basta con tener los números en el papel; se necesita garantizar que absolutamente todos estén presentes cuando llegue una reforma constitucional. La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, ha asegurado que existe la mayoría necesaria y que vienen varias iniciativas del Ejecutivo, pero eso no elimina la fragilidad matemática que comienza a observarse en la Cámara alta. Hasta ahora Morena había tenido la comodidad de imponer buena parte de su agenda apoyado en sus aliados; de aquí en adelante podría verse obligado a regresar a algo que durante años parecía innecesario, negociar con la oposición.
Noroña.
Como si el problema de los números no fuera suficiente, apareció nuevamente Gerardo Fernández Noroña para evidenciar que tampoco todas las decisiones internas están generando consenso. La bancada morenista respaldó a Higinio Martínez Miranda para presidir la Mesa Directiva del Senado, pero Noroña cuestionó públicamente el procedimiento y dejó claro que él no formó parte del acuerdo; incluso habló de “connivencia” con la oposición y advirtió sobre prácticas de verticalismo dentro del movimiento. Podrá decirse que se trata únicamente de una inconformidad personal, pero el problema para Morena es la percepción que generan este tipo de episodios, pues durante años construyeron la narrativa de un movimiento cohesionado alrededor de un mismo proyecto y ahora comienzan a aparecer voces que cuestionan públicamente las decisiones tomadas desde dentro.
Disciplina.
Morena continúa siendo, por mucho, la principal fuerza política del país y sería equivocado pensar que estas diferencias representan una ruptura inmediata; pero tampoco deberían minimizarse. El poder normalmente cohesiona mientras alcanza para todos; el problema aparece cuando comienzan a definirse candidaturas, gubernaturas, dirigencias y posiciones rumbo a una elección tan importante como la de 2027. La presidenta Claudia Sheinbaum necesitará durante los próximos meses un Congreso disciplinado para impulsar su agenda y un partido unido para enfrentar el proceso electoral.