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A dos años, CSP debería cortar los hilos del pasado.

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Quetzal Herrera Ruiz
LA GRILLA DEL PÀJARO
02/09/2026

La administración de Claudia Sheinbaum Pardo está llegando a los dos años, tiempo suficiente para haber aprendido bien cómo gobernar una nación cada vez más compleja en temas económicos, de seguridad, salud y educación, por mencionar algunos. En este tiempo la “inquilina” de Palacio Nacional ya debería estar analizando la posibilidad de cortar los “hilos” del pasado, que cada vez la atan aún más a Andrés Manuel López Obrador, sobre todo, porque sigue “cargando” con una herencia que ningún gobernante quisiera tener en sus primeros dos años de gobierno, y me refiero al “ruido” que generan los vástagos de su antecesor, así como a los perfiles que se impulsaron en el pasado para estar al frente de una entidad o de una curul en el Congreso Federal y en los estatales. Hoy la Presidenta tiene una gran oportunidad de dejar impreso su “sello” en el país, claro, sin despegarse de esa ideología que ha caracterizado al cuatroteísmo, pero marcando una diferencia entre sexenios. Creo incluso, que eso sería lo más sano para todo el movimiento que encabeza.

Ajustes.
Gobernar no solamente significa mantener funcionando una estructura que se recibió, también implica hacer ajustes cuando las circunstancias así lo exigen; y en estos casi dos años han ocurrido suficientes situaciones para que la Presidenta pueda decidir qué personajes deben continuar cerca de su administración y cuáles ya cumplieron su ciclo. No se trata de una “limpia” por capricho ni de desconocer lo que se construyó desde 2018, sino de entender que un gobierno que pretende permanecer en el poder necesita demostrar que tiene capacidad para corregirse. Hay funcionarios, legisladores y operadores políticos que parecen vivir todavía en el sexenio anterior, repitiendo fórmulas, discursos y prácticas que ya no necesariamente corresponden con la realidad que enfrenta la actual administración.

Decisiones.
Durante años, López Obrador fue el centro de gravedad de Morena y de buena parte de la discusión política nacional, pero eso era entendible mientras estuvo al frente del Ejecutivo, pero ahora existe otra Presidenta y, por lo tanto, otra responsabilidad. Sheinbaum no necesita competir con su antecesor, mucho menos entrar en una confrontación pública con él, pero sí necesita que las decisiones de su gobierno sean identificadas con ella. La política mexicana está llena de figuras que terminan convirtiéndose en referentes permanentes aun después de abandonar el cargo, y eso puede convertirse en un problema cuando quienes llegan después no consiguen establecer una ruta propia. La Presidenta tiene que evitar que cualquier diferencia interna termine interpretándose como una disputa entre “los de antes” y “los de ahora”, porque esa narrativa solamente alimentaría divisiones que no le convienen a nadie.

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Figuras.
El partido en el poder enfrenta un reto que va más allá de ganar elecciones, demostrar que puede gobernar sin depender de una sola figura; el crecimiento de Morena produjo una incorporación acelerada de personajes provenientes de distintas corrientes, algunos con experiencia política y otros que llegaron prácticamente de manera directa al poder. Esa mezcla fue útil para construir mayorías, pero ahora también obliga a revisar quiénes realmente representan el proyecto y quiénes solamente encontraron en el movimiento una vía para mantenerse vigentes. Sheinbaum tiene la posibilidad de influir en esa definición desde el ejercicio del gobierno, aunque deberá hacerlo con cuidado.

Resultados.
Los primeros dos años todavía pueden justificarse como una etapa de adaptación, acomodo y aprendizaje; esta parte del sexenio será diferente, porque ahí comenzarán a pesar con mayor fuerza los resultados que entregue la administración y no solamente las promesas de transformación. Seguridad, economía, salud, educación y empleo serán los terrenos donde la ciudadanía terminará evaluando a la Presidenta, independientemente de quién haya colocado a determinado funcionario o de quién sea el apellido que aparezca detrás de una decisión.

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Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García; conductor de los programas "El Pájaro Pregunta" y "Las Mañaneras del Pájaro"; columnista en el Órale Qué Chiquito.
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