
Durante años, Morena convirtió la transparencia en una de sus principales banderas políticas; incluso desde la oposición cuestionó la opacidad, los acuerdos cupulares y aquellas decisiones que se tomaban lejos de los ciudadanos. Por eso resulta inevitable señalar la contradicción cuando ahora deciden reservar los resultados completos de las encuestas con las que está definiendo a quienes encabezarán sus proyectos rumbo a las elecciones de 2027, sobre todo para las 17 gubernaturas en juego. La dirigencia argumenta que los participantes conocen las mediciones y que se trata de un proceso interno, pero hacia afuera solamente conoceremos al ganador; es decir, Morena nos dirá quién ganó, pero no necesariamente con cuánto ganó ni cómo quedaron los demás. Para un partido que presume transparencia, resulta difícil justificar semejante “oscuridad”
Argumentos.
Morena puede argumentar que tiene derecho a conducir sus procesos internos y que los aspirantes reciben información sobre las encuestas. Citlalli Hernández incluso sostiene que ningún otro partido tiene un proceso tan abierto; sin embargo, transparencia significa precisamente permitir que las decisiones puedan ser revisadas y contrastadas. En 2023, bajo la dirigencia de Mario Delgado, Morena hizo públicos los resultados de sus mediciones y utilizó esa apertura como elemento para otorgar certeza a sus procesos y ahora decidió cambiar la fórmula. Resulta paradójico que el partido que desde el poder exige confianza en sus instituciones pida también un acto de fe para elegir candidatos. La transparencia no debería aplicarse solamente cuando conviene; precisamente adquiere valor cuando transparentar puede resultar incómodo.
Cuestionamiento.
Aquí aparece inevitablemente la sospecha; si nadie fuera del círculo partidista puede revisar los resultados completos, cualquier designación polémica permitirá construir una pregunta muy sencilla, ¿realmente ganó la encuesta o ganó la voluntad política de Palacio Nacional? No afirmo que la Presidenta, Claudia Sheinbaum, vaya a escoger personalmente candidatos, porque no existe evidencia pública para sostenerlo; hablamos de la percepción que la propia opacidad puede generar. Durante décadas se criticó al PRI porque las candidaturas importantes terminaban dependiendo del presidente en turno. Morena aseguró haber sustituido aquel dedazo por encuestas, pero cuando la encuesta se vuelve secreta, la diferencia comienza a desdibujarse políticamente. Una medición que nadie puede verificar termina dependiendo de la confianza depositada precisamente en quienes anuncian al vencedor, y nada más.
Unidad en duda.
Morena asegura que mantendrá la unidad, pero reservar las encuestas puede provocar exactamente lo contrario. Las candidaturas a gobernador representan poder, presupuestos y proyectos políticos de seis años; difícilmente todos los derrotados aceptarán tranquilamente una decisión cuando existan dudas sobre los números. Ya existen entidades donde las disputas internas son evidentes y Chihuahua es probablemente uno de los ejemplos más claros; conforme avance la definición de las candidaturas, los inconformes podrán argumentar que fueron desplazados mediante acuerdos políticos y no necesariamente por voluntad de los encuestados. Podrán enseñar encuestas propias, cuestionar metodologías, denunciar favoritismos y movilizar estructuras, de hecho publicar resultados no garantiza unidad, pero ocultarlos proporciona argumentos perfectos para quienes quieran desconocerlos.
Realidad o negociaciones.
Morena gobierna México y constantemente habla de democracia, honestidad y transparencia; precisamente por eso tendría que imponerse estándares superiores, no inferiores. Si sus encuestas son confiables, si la metodología es sólida y si verdaderamente gana quien tiene mayor respaldo, entonces resulta difícil entender qué problema existiría en publicar los números. Mostrar resultados fortalecería a los ganadores y reduciría sospechas entre los perdedores; reservarlos produce exactamente el efecto contrario, alimenta versiones sobre negociaciones, vetos, acuerdos entre grupos y decisiones tomadas desde “arriba”