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Diputados del PAN van por protección a seres sintientes

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Jorge Anima
LA REFERENCIA
15/10/2026

La voz de quienes no pueden defenderse
Hay causas que durante mucho tiempo fueron consideradas menores por la política. La protección animal fue una de ellas.
Hoy ya no debería serlo.
Porque una sociedad también se retrata en la manera en que trata a quienes dependen completamente de ella para sobrevivir. Y cuando hablamos de animales abandonados, maltratados o sometidos a condiciones indignas, no estamos hablando solamente de perros, gatos o mascotas: estamos hablando de responsabilidad, educación, empatía y capacidad institucional.
Por eso merece atención que el Grupo Parlamentario del PAN haya decidido sentarse con quienes conocen esta realidad desde el lugar más difícil: la calle, los refugios, los rescates y las denuncias.
Y aquí hay un nombre que inevitablemente aparece en esta conversación: Alejandro Mojica.
El coordinador del GPPAN ha entendido que una agenda legislativa no puede construirse exclusivamente desde el escritorio. Hace falta escuchar a quienes enfrentan los problemas antes de convertirlos en iniciativas, reformas o discursos.
Y eso es justamente lo que ocurrió en este encuentro con protectoras y activistas.
Pero tampoco confundamos escuchar con resolver.
En política, una reunión puede quedarse en fotografía o convertirse en el primer paso de una política pública.
La diferencia está en lo que viene después.
Las protectoras pusieron sobre la mesa asuntos que no admiten demasiados rodeos: abandono, omisión de cuidados, eutanasia, violencia sexual contra animales, esterilización, educación y mecanismos para denunciar el maltrato.
Uno de los datos más reveladores es que actualmente se realizan alrededor de 20 esterilizaciones diarias.
La pregunta incómoda es sencilla: ¿son suficientes?
Probablemente no.
Porque mientras la política pública llegue después del abandono, siempre estaremos intentando resolver la consecuencia y no el origen.
Ahí es donde el tema adquiere verdadera dimensión.
No se trata únicamente de recoger animales de la calle. Se trata de prevenir que lleguen ahí. De generar responsabilidades para quienes tienen una mascota. De facilitar las denuncias. De mejorar la capacidad de respuesta de las autoridades. De ampliar las esterilizaciones. De revisar procedimientos delicados como la eutanasia y, sobre todo, de evitar que el maltrato termine normalizándose.
Y en esa discusión, Alejandro Mojica tiene una responsabilidad particular.
No solamente porque encabeza al GPPAN, sino porque su grupo parlamentario ya tiene un antecedente en esta materia: junto con legisladores panistas, impulsó reformas para reconocer a los animales como seres sintientes y promover una cultura de cuidado y tutela responsable.
Eso obliga a algo más que a mantener el discurso.
Obliga a darle continuidad.
Y en esa tarea hay nombres que también forman parte de la bancada panista y de distintas responsabilidades legislativas: Gaby Vázquez, César Rivas y Fernando Rocha.
Gaby Vázquez desde el trabajo legislativo y las comisiones que encabeza; César Rivas desde una visión que también ha puesto el énfasis en la participación y las necesidades de distintos sectores; y Fernando Rocha, quien en esta ocasión colocó sobre la mesa la importancia de escuchar directamente a quienes trabajan en la defensa de los animales.
No es un asunto menor.
De hecho, Rocha fue claro al señalar que si se quiere construir una legislación que realmente proteja a los seres sintientes, hay que escuchar a quienes están en las calles, rescatan animales y atienden casos de maltrato.
Y ahí está quizá la parte más valiosa del asunto.
Escuchar antes de legislar.
Suena sencillo. En política, no siempre lo es.
Alejandro Mojica y los integrantes del GPPAN tienen ahora una oportunidad para demostrar que esta conversación puede trascender el boletín y convertirse en una agenda con dientes.
Porque una buena ley no es la que suena más bonita en el Congreso.
Es la que funciona cuando una persona intenta denunciar un caso de maltrato a las ocho de la noche.
Es la que permite actuar cuando alguien abandona una camada completa.
Es la que establece responsabilidades cuando existe omisión de cuidados.
Es la que genera campañas suficientes de esterilización.
Es la que evita que una protectora tenga que poner de su bolsillo lo que debería resolver una institución.
Y es también la que educa antes de sancionar, pero sanciona cuando educar ya no fue suficiente.
Por eso sería injusto convertir esta discusión en una simple bandera partidista.
La protección animal no tiene color partidista.
Lo que sí tiene es una enorme oportunidad para que la política demuestre que todavía puede escuchar causas que no generan votos inmediatos, pero que dicen mucho de la sociedad que queremos construir.
Alejandro Mojica, Gaby Vázquez, César Rivas y Fernando Rocha tienen frente a sí una tarea que va mucho más allá de una reunión con protectoras.
Tienen la oportunidad de ayudar a construir reglas más claras para quienes no pueden sentarse en una curul, presentar una iniciativa o levantar la voz para defenderse.
Porque los animales no votan.
No marchan.
No tienen representación política.
Pero sienten.
Y quizá una sociedad verdaderamente civilizada comienza justamente ahí: cuando somos capaces de defender a quien no puede defenderse por sí mismo.
Ahora toca demostrar que escuchar fue apenas el principio.

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Lic.en educación/ papá/ colaborador del periódico Órale Que Chiquito/ soñador/ utópico.
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