
La política puede comenzar escuchando, pero su verdadero valor aparece cuando esa escucha se convierte en trabajo y en resultados.
Recorrer colonias, visitar comunidades y conocer de primera mano las necesidades de la gente tiene sentido cuando esa realidad llega a los espacios donde se toman decisiones.
En ese terreno, el Grupo Parlamentario del PRI en el Congreso de Durango ha venido construyendo una agenda que merece ser observada con atención.
Su lema —“Escuchar para responder. Responder para resolver”— no es solamente una frase que acompaña su trabajo legislativo. También plantea una forma de entender la responsabilidad de un diputado: mantener los pies en el territorio y llevar al Congreso los problemas que realmente preocupan a las familias.
Y eso, en tiempos donde la política suele quedarse en el discurso, tiene valor.
Cuando escuchar se convierte en agenda
Detrás de cada iniciativa hay una realidad.
Una persona adulta mayor que busca donar su casa necesita certeza, protección y claridad para tomar una decisión que puede comprometer su patrimonio.
Una madre preocupada por el bullying de su hijo necesita algo más que discursos: necesita protocolos, atención y mecanismos que realmente funcionen.
Un maestro señalado por una conducta indebida necesita que se investigue, pero también que se respete el debido proceso.
En estos temas no debería existir una falsa disyuntiva.
Proteger a niñas, niños y adolescentes y, al mismo tiempo, garantizar los derechos de los docentes son responsabilidades que pueden y deben convivir.
Precisamente ahí es donde una agenda legislativa responsable adquiere relevancia: en buscar equilibrios y soluciones que protejan derechos sin dejar de atender las preocupaciones de las familias.
Lo mismo ocurre con asuntos como los maestros sombra, la vivienda adecuada, la salud mental, la alimentación infantil, la protección de niñas y niños que viven con sus madres en centros de reinserción social o las condiciones que enfrentan las familias del campo.
Son temas diferentes, pero tienen algo en común: nacen de necesidades reales.
Y que esos problemas formen parte de la agenda del GP-PRI habla de una decisión política importante: mirar hacia la vida cotidiana y no solamente hacia los temas que ocupan los reflectores.
Una agenda que busca responder
Presentar una iniciativa no resuelve por sí mismo un problema.
Pero tampoco es poca cosa.
Es el punto de partida para abrir una discusión, construir acuerdos, modificar leyes y generar condiciones para que una realidad pueda cambiar.
Y ahí está uno de los méritos del trabajo legislativo del PRI: llevar al Congreso asuntos que muchas veces permanecen fuera de la discusión pública hasta que alguien decide ponerlos sobre la mesa.
Una iniciativa necesita argumentos, diálogo, acuerdos y voluntad política para avanzar. Después vendrán la aplicación, el presupuesto y la evaluación de sus resultados.
Por eso, el trabajo de una bancada no debe medirse solamente por el número de propuestas que presenta, sino también por la capacidad de identificar problemas, generar soluciones y construir acuerdos alrededor de ellos.
En ese sentido, el lema del PRI tiene una lectura que vale la pena reconocer.
Escuchar para responder.
Y responder para resolver.
No como una frase de campaña, sino como una ruta de trabajo que puede darle sentido a la labor de sus diputados.
El territorio y el Congreso
La política duranguense conoce la distancia que puede existir entre una colonia y el Congreso.
En el territorio están las preocupaciones de todos los días.
En el Congreso están las leyes, las comisiones, los presupuestos y los acuerdos que pueden ayudar a modificar esas realidades.
El reto consiste en conectar ambos mundos.
Y precisamente por eso resulta relevante que el GP-PRI mantenga una agenda vinculada con problemas concretos de Durango.
Por ejemplo, hablar de la comercialización del frijol significa hablar de una realidad que conocen miles de familias del campo.
Para una familia productora, el problema no es una palabra dentro de un discurso. Es cuánto recibe por su cosecha, cuánto le cuesta producir y si su trabajo le permite vivir dignamente.
Cuando un tema así llega al Congreso, la política adquiere un sentido distinto.
Ya no se trata solamente de quién habla más.
Se trata de quién escucha, quién propone y quién está dispuesto a construir acuerdos para que una necesidad pueda convertirse en una respuesta.
Ahí el PRI tiene un espacio que puede seguir aprovechando.
Ernesto Alanís y una agenda con dirección
En este trabajo también resulta relevante la coordinación de Ernesto Alanís Herrera.
Después de haber presidido la Junta de Gobierno y Coordinación Política, su responsabilidad al frente del GP-PRI implica algo más que representar una postura partidista.
Coordinar una bancada significa ordenar prioridades, construir acuerdos y buscar que las distintas voces de sus integrantes puedan formar parte de una agenda común.
Y esa coordinación también puede marcar la diferencia entre una suma de iniciativas y un verdadero proyecto legislativo.
El liderazgo parlamentario no siempre se mide en los reflectores. Muchas veces se encuentra en la capacidad de negociar, escuchar otras posiciones y encontrar puntos de coincidencia para que una propuesta avance.
Su iniciativa sobre paternidad responsable, por ejemplo, coloca sobre la mesa una discusión que va más allá de una obligación económica: la corresponsabilidad en la crianza y la participación activa de los padres en la formación de sus hijos.
Es un tema que conecta con una transformación social que ya está ocurriendo y que requiere también una respuesta desde las instituciones.
El PRI tiene una oportunidad
El Grupo Parlamentario del PRI tiene hoy una oportunidad importante: consolidar una agenda que ya tiene un elemento fundamental, el contacto con los problemas reales de los duranguenses.
Eso merece reconocerse.
En política también es importante distinguir entre quienes solamente hablan de cercanía y quienes llevan esa cercanía a su trabajo legislativo.
El PRI ha decidido colocar sobre la mesa asuntos que afectan a familias, estudiantes, maestros, adultos mayores, productores y padres de familia.
El siguiente paso es seguir construyendo los acuerdos necesarios para que esas propuestas avancen.
Porque la ciudadanía tiene derecho a exigir resultados, pero también tiene derecho a reconocer cuando una bancada intenta convertir las necesidades sociales en una agenda legislativa.
Ahí está una de las fortalezas que el PRI puede seguir desarrollando.
Una política cercana, pero también una política capaz de construir.
Una oposición que no solamente señale, sino que proponga.
Una bancada que no se limite a escuchar, sino que lleve esa voz al Congreso.
Y una agenda que pueda traducirse en mejores condiciones para las familias de Durango.
Porque escuchar genera cercanía.
Responder genera responsabilidad.
Y resolver genera confianza.
El reto para el PRI es continuar por esa ruta y convertir cada vez más sus propuestas en resultados visibles para la gente.
La política puede comenzar caminando una colonia. Puede continuar en una comisión. Puede discutirse en el Pleno.
Pero solo se gana cuando la gente puede decir algo mucho más sencillo:
“Esto sí me cambió la vida”.
Ese es el verdadero significado de escuchar para responder y responder para resolver.
Y también el verdadero sentido de legislar.