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La responsabilidad es obligación, no un logro.

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Quetzal Herrera Ruiz
LA GRILLA DEL PÁJARO
07/04/2026

En la narrativa política cuatroteísta, cada cifra se convierte en “bandera” y cada inversión en argumento electoral; y es que así quedó de manifiesto cuando la Presidenta, Claudia Sheinbaum, acompañada del secretario de Educación, Mario Delgado, “presumieron” que en los últimos siete años los gobiernos federales morenistas han destinado cerca de 342 mil millones de pesos a infraestructura educativa, superando, según su propia comparación, los casi 305 mil millones invertidos durante los 18 años de administraciones anteriores del PRI y del PAN. La cifra es relevante, sin duda, pero el enfoque es el que merece análisis, porque invertir en educación no es una “hazaña” extraordinaria, es una obligación elemental del Estado, y presentarlo como logro puede resultar políticamente rentable, pero administrativamente es apenas el cumplimiento mínimo de una responsabilidad que no admite vítores, sino resultados, porque sería tanto como aplaudirle a un cajero porque te da dinero.

Cifras.
Los números, bien utilizados, explican; mal planteados, evidentemente confunden, porque comparar montos absolutos entre distintos periodos sin considerar variables como inflación, ya que hoy cuesta más hacer una escuela que hace 20 años, crecimiento poblacional o ampliación de cobertura puede llevar a conclusiones engañosas. Sí, 342 mil millones en siete años suena contundente frente a 305 mil millones en 18 años, pero el país de hoy no es el mismo que el de principios de siglo; las necesidades se han multiplicado y, con ellas, la exigencia presupuestal, la inversión, por tanto, no debería medirse solo en términos de superioridad numérica, sino en su capacidad real de atender la demanda educativa, porque si el dinero crece, pero las carencias persisten, entonces el discurso se queda corto frente a la realidad.

Demanda.
México no es estático, en el año 2000, la población rondaba los 97 millones de habitantes; para 2010 ya superaba los 112 millones, y hoy rebasamos los 130 millones; este crecimiento no es un dato menor, implica millones de estudiantes más que requieren espacios, maestros, infraestructura y servicios. Bajo esta lógica, la inversión en educación no es opcional ni extraordinaria, es inevitable, pues cada aula construida responde a una presión demográfica concreta, no a una decisión política “generosa”; por eso, cuando se presume el gasto como si fuera un mérito adicional, se pierde de vista que en realidad es una reacción obligada ante una demanda creciente que, incluso hoy, sigue sin satisfacerse plenamente.

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Enfoque.
El problema no es invertir, sino cómo se comunica y qué resultados se obtienen, porque mientras desde el discurso oficial se destacan cifras históricas, en muchas regiones del país las escuelas siguen enfrentando rezagos evidentes, falta de mantenimiento, carencias en servicios básicos y saturación de grupos, de hecho es ahí donde la narrativa choca con la experiencia cotidiana de miles de familias que padecen el rechazo de las instituciones por la falta de espacios. No basta con anunciar montos millonarios si estos no se traducen en mejoras tangibles, el enfoque debería centrarse menos en la comparación política y más en la eficacia del gasto, en la calidad de los espacios educativos y en la cobertura real del sistema.

Realidad.
Al final del día, el ciudadano no evalúa cifras, evalúa resultados, y para los padres de familia, lo importante no es cuánto se invirtió, sino si sus hijos tienen un lugar digno donde estudiar, incluso para los estudiantes no cuenta el discurso, sino la posibilidad que tendrían de continuar con su preparación, y para el país lo verdaderamente relevante es si esas inversiones están formando generaciones con mejores oportunidades. Gobernar implica asumir responsabilidades, no “presumirlas”, porque cuando una obligación se presenta como logro, se corre el riesgo de normalizar la mediocridad; la educación, como la salud y la seguridad, no necesitan propaganda, necesita resultados.

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Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García; conductor de los programas "El Pájaro Pregunta" y "Las Mañaneras del Pájaro"; columnista en el Órale Qué Chiquito.
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