
La primera de ellas es Betzabé Martínez Arango; la segunda, Margarita Valdez; la tercera, Marina Vitela y la cuarta, Sandra Lilia Amaya Rosales. Las cuatro poseen rasgos y características que, en este momento, las colocan en posiciones privilegiadas. El primero de ellos es que cuentan con el apoyo de diversos sectores de su partido y relaciones políticas en el ámbito nacional. En segundo lugar, todas han mantenido un despliegue público constante de actividades que las mantiene vigentes en la conversación pública. El tercer elemento es su disciplina y lealtad, factores que han estado a prueba no solamente en tiempos de bonanza, sino también cuando su partido o su causa más las han necesitado. Finalmente, hay un rasgo que comparten: las cuatro son mujeres que han demostrado, en los hechos y en distintos terrenos, una notable capacidad resolutiva.
El caso de Betzabé es, quizá, el más atípico. Posee en su récord el haber ganado dos elecciones consecutivas y sostiene línea directa con el secretario de Seguridad Pública Federal, Omar García Harfuch, así como con funcionarios y funcionarias del gabinete presidencial. Además, su administración ha cambiado la percepción que se tenía de ella; ahora, con el paso del tiempo y con un municipio ávido de justicia, ha sido un factor fundamental para enfrentar la extorsión y el cobro de derecho de piso, temas complejos donde pocos desean intervenir. La alcaldesa de Gómez Palacio es una profesionista inteligente que se adelanta a los tiempos y se mueve de manera directa tanto con secretarios como con líderes de cámaras; es una política con un plan bien definido, donde la oportunidad y la estrategia cruzarán camino para que, posiblemente, pueda aspirar a otra posición política.
Como muchas mujeres en la política, la senadora de la República, Margarita Valdez, ha empezado su carrera desde las calles. Al día de hoy, es la presidenta de la Comisión de Gobernación en el Senado, está constantemente en Durango y no ha perdido comunicación con las bases que la impulsaron hace más de ocho años a ser candidata. La senadora es una mujer que no solo ha defendido a Morena en los tiempos del expresidente López Obrador, sino que es una profesional que sabe cómo, cuándo y dónde moverse. Es un contrapeso interesante en el Senado de la República; sus declaraciones, a veces polémicas, le han dado pericia al momento de leer los tiempos políticos.
Para Marina Vitela, excandidata a gobernadora, el tema de una eventual aspiración a la gubernatura no parece ser una obsesión ni un problema inmediato. Es una mujer que ha enfrentado las adversidades de formas muy distintas; ella sabe que, por el momento, estar presente en escasos eventos públicos, eludir a los medios de comunicación y mantener un bajo perfil es parte de su estrategia. Declarará cuando tenga los elementos seguros y suficientes para hacerlo. Su cercanía con líderes nacionales de Morena e incluso con altos mandos del partido en el poder la tienen en una estima difícil de describir, pero muy clara: ella sigue siendo bienvenida en su partido y eso ya es un logro, ya que cualquier otra persona tal vez ya estaría buscando la adopción política. Mientras Marina espera los tiempos, sabe que desesperarse es lo peor que podría ocurrirle.
Por último, Sandra Lilia Amaya ha sido una de las arquitectas de Morena en el estado de Durango. Bajo su liderazgo se concentra un cúmulo de experiencia forjado en las calles, avenidas y barrios. Su ambiente natural parece ser el de la contracorriente; su forma de ser le permite ser líder, amiga y guerrera al mismo tiempo. Su discurso es disruptivo; no trastabilla ni se hace pequeña ante los problemas. Por el contrario, crece frente a ellos: no espera, acciona y busca dar resultados. Por ello, su capacidad más que probada la coloca en estos momentos como una de las personas que podrían ser consideradas como aspirantes a la magistratura mayor de Durango.
Estas son algunas de las cuatro mujeres que, en su momento, podrían aspirar a convertirse en candidatas a la gubernatura del estado. Entiéndase este ejercicio como un mero análisis prospectivo en el que, por supuesto, aún caben muchos nombres.