
Las estadísticas oficiales del último Índice de Paz México nos ofrecen una de las mayores paradojas de la seguridad pública moderna. Por un lado, la narrativa gubernamental puede atribuirse un triunfo tangible: en 2025 se registró la mejora en la paz más significativa en una década, respaldada por una impresionante caída del 22.7% en la tasa de homicidios(casi 7,000 muertes menos). Por el otro, al escudriñar los cimientos de este fenómeno, nos topamos con una realidad estructural inquietante: la delincuencia organizada no se está extinguiendo, solo está mutando sus formas, sus mercados y sus guerras.
Mientras la violencia letal desciende a nivel macro o local, la microdinámica del crimen revela fisuras profundas y tangibles. El estallido del conflicto interno dentro del Cártel de Sinaloa desde finales de 2024 y la reciente muerte del líder del CJNG a principios de 2026 han sacudido la frágil estabilidad de los mercados ilícitos. Esta fractura en la cúpula criminal no únicamente ha sumido a regiones como Sinaloa en deterioros históricos de seguridad, sino que está acelerando un cambio silencioso pero devastador en la economía del narcotráfico: el auge del consumo interno de drogas y la proliferación del narcomenudeo.
Durante décadas, la política de seguridad mexicana operó bajo la premisa de que el país era principalmente una ruta de paso y una cocina de síntesis para abastecer el voraz mercado estadounidense. Sin embargo, las dinámicas transnacionales y el fortalecimiento de los controles fronterizos han comenzado a cerrar esa válvula de escape. La disminución en las incautaciones de fentanilo y otras sustancias en la frontera norte contrasta directamente con la explosión del mercado local.
La administración pública federal encabeza hoy un esfuerzo por cambiar el enfoque hacia la inteligencia, la coordinación institucional y la aplicación focalizada de la ley. Los primeros datos parecen darles la razón en el plano cuantitativo inmediato.
Apagar los incendios de la violencia letal apresando capos o combatiendo tiroteos en las calles es responder solo a la mitad de la ecuación. Si el Estado mexicano no complementa la contención policial con una política integral de salud pública contra las adicciones, fortalecimiento del aparato de justicia y rescate del espacio público frente al narcomenudeo, la caída de los homicidios será solo un espejismo temporal. La fragmentación criminal nos está dejando menos balaceras de alto perfil en ciertas regiones, pero está dejando más adicción, más extorsión y más impunidad en la esquina de cada barrio.
En 2025, la paz en México mejoró un 5.1%, lo que marca el sexto año de avance tras cuatro años de deterioros sustanciales. A nivel estatal, las mejoras fueron generalizadas pero desiguales. Veintidós estados registraron mejoras en la paz el año pasado, mientras que 10 se deterioraron. Yucatán se mantuvo como el estado más pacífico por noveno año consecutivo, seguido de Chiapas, Tlaxcala, Durango y Campeche. En contraste, Colima continuó registrando los niveles más bajos de paz, seguido de Sinaloa, Guanajuato, Morelos y Baja California. La mejora nacional en la paz fue impulsada por una fuerte reducción en los homicidios. La tasa de homicidios disminuyó un 22.7% en 2025, lo que representa casi 7,000 muertes menos en comparación con el año anterior, la mayor caída anual registrada. A pesar de esta mejora, la violencia sigue siendo elevada en relación con los niveles históricos, esto según el extracto del mismo Informe de Paz.
Radiografía del Mercado Interno de Drogas en México
• Explosión del Narcomenudeo: Desde 2015, los delitos por narcomenudeo prácticamente se han triplicado. Es el único indicador delictivo que ha mantenido un crecimiento constante año tras año, registrando solo en 2025 un repunte del 12.1% (78.1 delitos por cada 100,000 habitantes).
• Aumento en la Prevalencia de Consumo: El consumo de drogas ilegales en la población general pasó del 9.9% en 2016 al 13.1% en 2025. La marihuana sigue liderando la preferencia (escalando del 8.6% al 12%), impulsada por un consumo cada vez más arraigado en la población adulta (18 a 65 años).
• Mutación Financiera del Crimen: Ante la dificultad de traficar masivamente hacia el norte, las células criminales han volcado su estructura logística hacia la comercialización al menudeo y la extorsión local (“cobro de piso”). El microtráfico se ha convertido en la caja chica indispensable para financiar la nómina de sicarios y sostener disputas territoriales.
Fuente: https://indicedepazmexico.org/