
Jorge Anima/ La Referencia
Hablar de finanzas municipales no siempre resulta cómodo. Hacer que los números cuadren, mantener la operación de un gobierno y encontrar margen para responder a las necesidades de una ciudad no es tarea sencilla.
En el Ayuntamiento de Durango, ese trabajo tiene nombre y apellido: Obed Jiménez Cázales, director municipal de Administración y Finanzas.
No es, quizá, de los funcionarios que aparecen todos los días en la fotografía política. Pero sí es de los que están detrás de muchas de las decisiones que permiten que el gobierno funcione. Y cuando se revisan los números, hay elementos que vale la pena poner sobre la mesa.
En octubre de 2025, la administración municipal reportó una deuda pública de largo plazo de 114.2 millones de pesos. Al mismo tiempo, la recaudación acumulaba un avance de 92.8% de la meta anual, equivalente a 910.8 millones de pesos. En ese mismo periodo, los ingresos del bimestre estuvieron 17% por encima de lo presupuestado.
Los números, por sí solos, no gobiernan. Pero sí dicen mucho de cómo se administra.
Y en 2026 llegó una prueba todavía más complicada: Fitch Ratings redujo la calificación de la deuda municipal, debido a un deterioro en la cobertura real del servicio de la deuda.
Aquí hay algo que reconocer.
Obed Jiménez no escondió el dato. Explicó que el municipio había utilizado el total de su línea de crédito y planteó que el fortalecimiento de los ingresos podría ayudar a recuperar terreno en futuras evaluaciones.
Eso también habla de un funcionario financiero: dar la cara cuando los números son favorables, pero también cuando representan un reto.
Porque administrar las finanzas de una ciudad como Durango no consiste únicamente en decir cuánto dinero hay. Consiste en decidir qué se paga, qué se puede comprometer, qué debe esperar y cuánto margen existe para enfrentar una contingencia.
Y el escenario de 2026 no ha sido sencillo.
La propia Dirección de Finanzas reconoció que una eventual reducción de participaciones federales obligaría a extremar la planeación y proteger la operación de los servicios prioritarios. El municipio, además, enfrentó un recorte cercano a 60 millones de pesos.
En ese contexto, el trabajo de Obed va mucho más allá de elaborar presupuestos: se trata de cuidar la capacidad operativa del gobierno municipal.
Otro frente fue el impuesto predial.
En enero de 2026, Obed explicó que alrededor del 85% de las claves catastrales se encontraban hasta 70% por debajo de su valor comercial, argumento utilizado para explicar la actualización de valores. Para entonces, alrededor de 45 mil personas habían acudido a realizar su pago.
Cobrar impuestos nunca será popular. Pero tampoco lo es administrar una ciudad sin recursos suficientes para responder a sus necesidades.
Hay funcionarios que atraviesan el pantano sin ensuciarse los zapatos. Obed Jiménez parece estar en esa categoría: un funcionario técnico que entiende que los números también tienen consecuencias políticas.
Por eso merece ser observado con seriedad.
No como protagonista de oficina, sino como el hombre al que le corresponde ponerle números a las decisiones de gobierno.
Porque una cosa es decir que Durango puede.
Y otra, mucho más difícil, es demostrar que las cuentas permiten hacerlo.
Ahí está Obed: menos discurso, más calculadora.
Y en política, a veces, las cuentas claras son también una forma de dar resultados.