
Un animal inofensivo y casi víctima de nuestra ignorancia diaria. Es lo primero que se nos ocurre para descalificar, marginar u ofender a aquellos que sufren de un mal que lo lleva para toda su vida, la falta de capacidad intelectual para poder enfrentar los principales desafíos que se nos presentan a diario. Durante una sesión parlamentaria de esas que se dan en México donde no hay seriedad ni altura de miras, lo que quiere decir inexistencia de elevación moral de intenciones o propósitos, se desarrollaba el tratamiento del aumento salarial para docentes, cuando de pronto en un alarde de protagonismo, un legislador acusó de burros a todos los maestros, al tiempo de sugerirles que antes de pedir aumentos, aprendieran a hablar. Las palabras de este brillante legislador durante el tratamiento del Presupuesto, desnuda una deficiencia que no podemos apartar de la realidad que nos afecta. Es verdad que tenemos muchos inconvenientes en la formación académica de nuestros maestros y por efecto dominó afecta a los estudiantes. ¿Pero quiénes son los responsables de este lamentable sistema educativo que no nos saca del pozo donde nos encontramos? Gran parte de la responsabilidad, irrenunciable, es del sector político que siempre se benefició de la pobreza en todos los ámbitos, postergando por décadas la prioridad de generar una sociedad más integra, con seguridad, con salud, con niños sin desnutrición y un sistema educativo que no solamente nos enseñen a leer y escribir, sino también a pensar. Y pensar es lo más peligroso que pone en amenaza a una casta de personas que viven de la política. Lo digo con palabras sencillas, sin recurrir a datos técnicos, sin las estadísticas que terminarán hundiéndonos más. El legislador que cree haber descubierto el hilo negro, puede seguir calificando de burras a las docentes, burros a los maestros, burros a los estudiantes que salen sin saber interpretar un texto, burros a los universitarios, que son un porcentaje reducido, que terminan sus carreras, pero que no que se olvide a este legislador, que también están los políticos burros, también están en la clase política personas que siguen creando burros. Vuelvo a mencionar que el animal ofensivo no tiene la culpa de que utilicemos la palabra burro para descalificarnos, para tratarnos de menos, pero si los políticos siguen rebuznando, “los burros” serán cada vez más y eso será más peligroso para ellos, porque los burros se cansaran de ser burros y empezaran a dar patadas a sus creadores. Para las elecciones del siete de julio del 2013, a través de las redes de internet fue postulado el “Burro Chon” como candidato a alcalde de Ciudad Juárez, llamando a los ciudadanos a votar por dicho animal. Bajo el lema “En las redes sociales la contienda ya inició. El Burro Chon viene de menos a más”, el creador anónimo del blog se burlaba de los candidatos a alcaldes de Ciudad Juárez de los partidos políticos grandes, que en ese tiempo eran el PRI y el PAN. Su principal impulsor aseguraba que la postulación del jumento se daba porque “es mejor un burro como presidente, que un presidente burro”. Lo llamaron “Chon” para identificarlo con un principio de vida, (carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno). Las autoridades le hicieron una contra campaña de desprestigio al burro; empezaron a decir que había una epidemia equina y que tal vez podría contagiarse a otros animales e incluso a las personas. Este fue el argumento con el que detuvieron a “Chon” para llevarlo a la cárcel de animales del municipio. Por presiones ciudadanas lo tuvieron que soltar, y se convirtió en un fenómeno: juntaba más gente en los mítines que otros candidatos, y era muy bien recibido, sobre todo por los niños. Gran parte de los votos que obtuvo durante las elecciones en las que participó eran porque los niños llevaban a sus padres a votar por el “Burro Chon”.