
Gilberto Jiménez Carrillo
La inconformidad por el protagonismo de militantes advenedizos o de reciente ingreso en Morena es una constante y un tema de álgido debate interno en el partido. Esta tensión se hizo especialmente visible durante las conmemoraciones de los quince años del inicio movimiento a donde no fueron invitados los verdaderos cumpleañeros. Como si fueran los quince años de su hija, en todo el país los integrantes de los comités estatales y municipales de MORENA celebraron un acontecimiento que no les costó, y peor aún, hace quince años, muchos dirigentes estatales, regidores, presidentes municipales, senadores y hasta gobernadores, criticaban y despreciaban todo lo que oliera a MORENA y ahora, estos farsantes con una sonrisa de oreja a oreja, son los primeros chambelanes en bailar con la quinceañera, cuando todos sabemos de dónde vienen, pues hace quince años no estaban presentes en el bautizo y ahora hasta se pelean por salir en la foto haciendo la señal de la cuarta transformación, cuando la inmensa mayoría de estos farsantes no tiene ni le menor idea de en qué consistieron las otras tres. Muchos de los gobiernos estatales y municipales, así como la inmensa mayoría de las dirigencias estatales, senadores, diputados federales y estatales y alcaldes y regidores que hoy ostentan el poder no son los fundadores de Morena; ellos llegaron a través de la estructura política que conformaron los fundadores, quienes han sido desplazados por militantes provenientes de partidos tradicionales (como el PRI, PAN o PRD) se han incrustado en puestos clave y candidaturas, desplazando a quienes construyeron las bases del movimiento “desde abajo” cuando no se tenía poder ni presupuesto. Esto se conoce como DESPLAZAMIENTO POLÍTICO. Guste o no, Morena es el partido más popular de México, el pasado dos de octubre las dirigencias de los 32 estados celebraron la fundación de la asociación civil que después se convertiría en partido político y plataforma electoral del Obradorismo. Lo que se creía era una coyuntura de hartazgo marcada por la corrupción del viejo régimen y la crisis del neoliberalismo en el mundo, se ha convertido en un fenómeno que ha generado altas expectativas de cambio en las entidades federativas, consolidando así alternancias en lugares donde la izquierda institucional tuvo, por muchos años, participaciones testimoniales. Desde su debut hasta los últimos procesos electorales, Morena se ha caracterizado por abrirle las puertas a militantes de diversos partidos políticos, gobernadores de oposición, empresarios, sindicalistas, activistas, artistas y actores políticos en situación de ruptura. Esta integración ha generado una serie de reacciones en militantes que tuvieron como primera experiencia política partidista a Morena. Se trata de una narrativa que rechaza, sin importar ideología, a mujeres y hombres que no estuvieron en los inicios del partido/movimiento. Quienes se han apropiado de estas conductas consideran que la historia política nace con el desafuero de Andrés Manuel cuando se desempañaba como jefe de gobierno, negando así las aportaciones de personajes como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, Rosario Ibarra de Piedra, Pablo Gómez, Heberto Castillo, Demetrio Vallejo, Valentín Campa, Arnoldo Martínez Verdugo, entre muchos otros que, desde la clandestinidad, el activismo o la militancia partidista, lucharon por establecer la democracia en nuestro país. Dichos personajes fueron protagonistas en las mutaciones institucionales de los viejos partidos políticos. El Partido Comunista Mexicano fundado en 1919, tuvo una serie de transformaciones con otros partidos de izquierda para convertirse en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) en 1981, que más tarde se convertiría en Partido Mexicano Socialista (PMS) al fusionarse con el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) y diversas expresiones de izquierda en 1987 para finalmente, a consecuencia de la elección de 1988, darle sus siglas al PRD, cuya buena parte de su militancia fundó Morena. Inclusive no existe un reconocimiento a las expresiones radicales de los movimientos guerrilleros, como los encabezados por Genaro Vázquez, Lucio Cabañas y del duranguense Arturo Gámiz García, que abonaron a la apertura democrática. La reforma política de 1977 permitió la representación de los partidos llamados de izquierda en el poder legislativo y en ayuntamientos como el de Alcozauca, Guerrero con el maestro Othón Salazar. En diciembre de 2012, cuando MORENA aún era un movimiento ciudadano, desde la sociedad civil, unos cuantos fueron parte de esta historia. No había gobierno, no había posiciones, no había estructura de poder. Había una idea, una causa y la convicción de que México podía cambiar. Las convicciones verdaderas se demuestran cuando todavía no existe ninguna recompensa por defenderlas y los que estuvieron ahí desde el principio no fueron invitados a partir el pastel ni a cantar las mañanitas, eso lo hicieron los aprontones y los advenedizos, personajes “balines” que resultan ajenos a los principios de izquierda.
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